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Michelle Bachelet anda de bajo perfil en Twitter

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Michelle Bachelet
Michelle Bachelet tiene una cuenta de Twitter falta de relieves / Foto: Wikimedia Commons

Alonso Moleiro (ALN).- Una cuenta personal muy austera, con escasos pronunciamientos y ningún incordio, distingue a la dos veces presidenta de Chile. El bajo perfil, sin embargo, no ha apagado los ecos de un escándalo de corrupción en su círculo familiar que ha mellado sensiblemente su enorme capital político.

Ha hablado tan poquito, que lo primero que podría pensar cualquier persona que ingrese a la cuenta de Twitter de la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, es que se trata de la página de unos imitadores.

Claro que la cuenta se le parece. Lo que luce inaudito es la escasez de voces. Los poquitos tuits. En todo lo demás, salvo en la discreción declarativa, la página de Bachelet viene con los aditamentos naturales inherentes a su cargo en la red: una gran foto apaisada, en la cual está rodeada de niños sonreídos; una breve descripción de su cargo, expresada con la suficiencia del caso; una foto presidencial, severa y neutral; y un guiño, a manera de check list, en el cual se atestigua que la cuenta está certificada.

Para que nadie se equivoque: con 185 tuits, siguiendo a 117 personas y con 93.000 seguidores. Es decir, con un “kilometraje de Twitter”, unos números de tablero, que se parecen más a una cuenta falsa que a una presidencial de verdad-verdad.

Se alude a ella como un modelo socialdemócrata ponderado en lo político y exitoso en lo económico

Claro, sucede que Michelle Bachelet está en las redes, presente con su cuenta presidencial, apenas desde 2015. Lleva poco tiempo en esto. Todo lo cual, por supuesto, no constituye necesariamente excusa: hemos visto cuentas superavitarias y extremadamente elocuentes, coleccionando miles de tuits a la vuelta de uno o dos años.

Y aunque por estos meses ha colocado sus tuits con cierta regularidad y equilibrio institucional de contenido, también hemos comprobado que la presidenta de Chile abandona las redes por días, se aleja de la tarea, opta por el silencio. Se fastidia del encargo. Su cuenta, entretanto, no crece demasiado. Al momento de escribir estas líneas, la presidenta llevaba más de una semana que no aparecía por Twitter.

El 7 de mayo, Bachelet felicitaba, en español y en francés, a Emmanuel Macron, el recién electo presidente de Francia. El contenido, pensado probablemente para no pisar callos, no era el mismo en los dos idiomas. Las alusiones a la ultraderecha fueron en castellano. El primero fue así:

Y luego así:

Antes y después, la presidenta informaba sobre algunos aspectos de su rutina de gobierno. Esto es del 8 de mayo:

El 1º de mayo enviaba un mensaje, amplio e institucional, a los trabajadores en su día, y poco antes, el 26 de abril, Bachelet se pronunciaba esbozando generalidades sobre la crisis de Venezuela. Algunas cosas dijo, pero nada en especial.

Parte de lo afirmado por Bachelet puede ser el resultado de alguna conversación con algún otro mandatario latinoamericano. Este había sido su tuit el día antes, ante la visita de Juan Carlos Varela, presidente de Panamá:

El bajo perfil de Bachelet contrasta con un pasado político lleno de paradojas, logros, circunstancias extraordinarias y escándalos recientes, que han tocado el ámbito personal y familiar. Esta no es una cuenta que se compagine con la vida pública de su protagonista.

Es hija de un ilustre miembro de las Fuerzas Armadas de Chile, muerto en las cárceles de Augusto Pinochet, y activista civil en los años de la dictadura. Con la llegada de la democracia tuvo un paso rutilante por el Ministerio de Salud, en la Presidencia de Ricardo Lagos, durante el predominio de la Concertación.

Michelle Bachelet está en las redes, presente con su cuenta presidencial, apenas desde 2015

Bachelet fue la primera mujer en Iberoamérica en asumir la cartera de la Defensa, y culminó, posteriormente, una primera Presidencia colmada de muchos más elogios que críticas.

Se ha caracterizado por ser una figura pública que condensa parte de las aspiraciones y las luchas civiles de su país. Su nombre ha sido frecuentemente aludido en toda suerte de conversaciones de estos años, cuando se quiere hacer referencia a un modelo socialdemócrata ponderado en lo político y exitoso en el terreno económico.

“Chile es un país serio”, ha repetido Bachelet en sus visitas a Europa, acompañando la frase de su prestigio y su proceder. Lo cual contrasta con esta cuenta de Twitter tan falta de relieves y tan escasa de sal.

El año pasado, sin embargo, Bachelet debió enrostrar un desagradable escándalo de corrupción, con un proceso judicial en el cual se formularon cargos a su hijo, Sebastián Dávalos, y su nuera, Natalia Compagnon, y que ha contribuido de manera especial al desplome de su popularidad. Un “recto al mentón”, en materia de credibilidad, del cual probablemente no se ha podido recuperar del todo.

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