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La vacuna rusa contra la covid-19 es una historia de 11 meses de ciencia, propaganda e incumplimientos

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Gustavo Amador / EFE / archivo.

Pedro Benítez (ALN).- Logro científico, triunfo de propaganda política y fracaso en el suministro. Esta ha sido, hasta ahora, la historia de la vacuna rusa contra la covid-19, Sputnik V.

Luego de adelantarse a todos los países presentando su propia vacuna el Gobierno ruso se mete un autogol en su prestigio internacional en América Latina tratando de abarcar más de lo que podía. El poder primero que la salud.

El aparato de comunicación ruso, cuyo corazón es la cadena de televisión por suscripción RT, está demostrando, una vez más, su efectividad. Ya no por amplificar una noticia que beneficie al gobierno del presidente Vladimir Putin, o a un aliado; o para perjudicar a un adversario en la arena del poder internacional, o un aliado de ese adversario. Sino por intentar esconder, o que pase inadvertida, una que no les es favorable.

PRIMER PAÍS EN CONSEGUIR LA VACUNA

Luego de presentarse el 11 de agosto de 2020 como el primer país en conseguir la vacuna contra la Covid-19, como efectivamente fue, gracias al trabajo del prestigioso Centro de Epidemiología y Microbiología Nikolái Gamaleya de Moscú, el Gobierno ruso inició una gran campaña de relaciones públicas por todo el mundo ofreciendo las dosis salvadoras.

Como en los mejores años de la Guerra Fría esta era otra batalla de propaganda política, razón por la cual la vacuna fue bautizada con el mismo nombre del primer cohete soviético lanzado exitosamente al espacio: Sputnik. La crisis mundial provocada por la pandemia brindó una nueva oportunidad, que Putin no desperdició, para realzar el regreso de Rusia como gran potencia.

Luego de algunas dudas sobre su seriedad y efectividad, la Sputnik V fue aceptada por la comunidad científica internacional cuando la revista médica The Lancet publicó la Fase III de su investigación, y hasta la canciller alemana, Ángela Merkel, abrió la posibilidad de su uso en Europa.

CLIENTES EMBLEMÁTICOS

Sin embargo, antes de dar ese necesario paso, Putin se dedicó a comercializarla y 16 gobiernos negociaron con el ruso el suministro de millones de sus vacunas a sus respectivos países, incluyendo un área del mundo donde su influencia ha crecido en los últimos años: América Latina.

En concreto el Gobierno ruso logró tres clientes emblemáticos, Argentina, México y Venezuela.

Se comprometió a suministrarle 15 millones de vacunas a la Argentina, 24 millones de dosis, para 12 millones de personas, en los primeros dos meses de este 2021 a México, y otras 10 millones para Venezuela.  

Todo esto fue un acto de fe, puesto que para ese momento los rusos no habían publicado la III Fase de los estudios correspondientes.

¿Y LAS SEGUNDAS DOSIS?

El gigante farmacéutico AstraZeneca no publicó el estudio completo de su vacuna hasta diciembre, y la de Pfizer/BioNTech tuvo que esperar hasta el 11 de ese mismo mes para ser aprobada por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos, hasta 20 por la Agencia Europea del Medicamento y hasta 31 por la OMS.

Para eso días ya el gobierno ruso había firmado contratos de suministros de la Sputnik y sus despachos salían a diversas partes del mundo.  

No obstante, este temprano éxito que puso la capacidad científica rusa por delante de la occidental se ha visto empañado a lo largo de los meses. La razón es sencilla, Rusia no ha cumplido con la entrega de las segundas dosis.

VACUNACIÓN INTERNA TUMBA DESPACHOS

Luego de varios meses la situación sanitaria mundial se invierte. Mientras Estados Unidos se dispone a regalar millones de vacunas a los países más pobres, entre otras razones porque parte su propia población niega a vacunarse, en Rusia ocurre exactamente lo contrario.

Ante el incremento dramático de contagios su gobierno ha decidido priorizar la vacunación interna sacrificando, por lo visto, su tan cuidado prestigio internacional.

La semana pasada el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, admitió que la prioridad era satisfacer las necesidades de vacunación de los ciudadanos rusos, aunque se cumpliría con los compromisos contraídos en el extranjero.

EL CASO ARGENTINO

Esto como respuesta al impasse que se ha presentado con el Gobierno argentino al filtrarse un correo en el cual la asesora del presidente Alberto Fernández, Cecilia Nicolini, advirtiera la crítica situación de su país por los continuos retrasos en las entregas de la Sputnik V.

Nicolini fue la responsable, junto a Carla Vizzotti, ministra de Salud, de gestionar las compras de vacunas rusas.

En un texto que el pasado 7 de julio dirigió al Fondo Ruso de Inversión Directa, afirma: “A estas alturas todo el contrato está en riesgo de ser públicamente cancelado. Entendemos el faltante y las dificultades de producción de algunos meses atrás. Pero ahora, 7 meses después, todavía estamos muy atrás, mientras estamos empezando a recibir dosis de otros proveedores en forma regular, con cronogramas que se cumplen”.

MESES DE ESPERA

El Gobierno del presidente Fernández fue el primero en América en adquirir un buen lote de la Sputnik V, sin esperar que fuera aprobada por su propia Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat), ni a la publicación por parte de los rusos de la Fase III de su desarrollo.

En vísperas de la Navidad pasada su administración hizo de los vuelos de Aerolíneas Argentinas que traían las vacunas de Moscú a Buenos Aires toda una gesta nacional.

Sin embargo, este entusiasmo tuvo tropiezos desde un principio y el proceso ha estado salpicado por los escándalos, las controversias, y con un alto costo político para el mandatario. Solo faltaba que su proveedor no le cumpliera.

GUATEMALA PIDE DEVOLUCIÓN

No es el único caso. Bolivia, Paraguay, Guatemala y Nicaragua también esperan por las entregas pendientes desde hace meses.

Guatemala ya ha pedido la devolución de 79,6 millones de dólares por retraso en las entregas. De las ocho millones de dosis de la Sputnik V que adquirió solo ha recibido 150.000.

Probablemente previendo estas dificultades el Centro Gamaleya aseguró en abril que el lapso para recibir la primera y segunda dosis podía pasar de 21 hasta los 90 días, sin que esto afectará la inmunidad.

SILENCIO EN MÉXICO Y VENEZUELA

Por su parte, los gobiernos de México y Venezuela han guardado un discreto silencio.  A inicios de año el gobierno de Nicolás Maduro aseguró haber firmado un contrato con Rusia por 10 millones de Sputnik V.

Según la propia información oficial, Venezuela solo ha recibido 1.430.000 dosis sin que se sepa nada del resto. Y son cada vez más las personas que afirman haber recibido la primera dosis, pero que siguen esperando por la segunda.

Pero esta cadena de incumplimientos internacionales ha sido una noticia poco difundida en los portales y en las redes sociales tan dadas a magnificar escándalos. Ya sabemos el manejo que a este tipo de información le ha dado el aparato comunicacional ruso cuando las dificultades han sido de los países o laboratorios occidentales.  Después de todo, esta pandemia nos ha venido a recordar que el poder está primero que la salud.

@PedroBenitez.

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