Redacción (ALN).- El cantautor panameño Rubén Blades pidió a las autoridades de El Salvador revise el caso de Arturo Sánchez Trejo, músico venezolano que migró en septiembre desde Santiago de Chile a Estados Unidos, desde donde fue deportado a la cárcel de máxima seguridad en el país centroamericano hace tres semanas.
La carta:
“Acerca del músico venezolano Arturo Suarez-Trejo
A las autoridades de El Salvador:
Soy Rubén Blades y les comento argumentando como abogado, no solo como músico.
He leído un reporte publicado en el diario El País, de España, con fecha de 24 de marzo, en donde se describe la forma apresurada y posiblemente ilegal en como han sido tramitados casos de personas que ingresaron a Estados Unidos en busca de asilo.
Muchas de las solicitudes concedidas por el gobierno anterior, el de Joseph Biden, han sido súbitamente anuladas sin que los perjudicados por el cambio tuviesen siquiera conocimiento, o posibilidad para legalmente oponer la decisión.
Conste que comprendo que cada país tiene la potestad soberana para decidir a quien recibe o no como inmigrante. Comprendo y acepto la necesidad de obedecer a la ley y de ajustarse a las condiciones que presenta el país que nos recibe para aceptar nuestra presencia, pero también comprendo que hay una Constitución Nacional y un sistema de leyes que garantiza el recurso de apelar cualquier decisión que afecte nuestro derecho como humanos, estemos donde sea, independientemente de nuestra nacionalidad o lugar de origen.
El caso del venezolano Arturo Suarez-Trejo es un ejemplo de cómo cualquiera puede verse afectado por la arbitrariedad administrativa y judicial y convertirse en su víctima.
Según leo, este joven es un músico, no un delincuente miembro de la organización «Tren de Aragua», definida internacionalmente como un grupo criminal.
El reportaje de El País nos informa que Arturo Sánchez-Trejo se había acogido al amparo de un “parole” ofrecido por el gobierno pasado de Joseph Biden para legalizar su permanencia en Estados Unidos y que estaba en espera de acudir a una audiencia previamente pactada para el 2 de Abril, dirigida a legitimar su condición migratoria.
Pero la política impuesta por el nuevo presidente, Donald Trump, ha desconocido de un golpe todo lo actuado con respecto a solicitudes de asilo hechas con anterioridad y eso ha permitido la aparición de excesos, abusos e ilegalidades en la ejecución de las nuevas directrices.
No sé cuántos otros migrantes se han visto afectados por esta realidad, pero me llamó la atención al leer del caso de Arturo-Trejo Suarez, la amplia documentación que han ofrecido tanto sus familiares como el periodista que redactó la noticia explicando que no es un delincuente, adjetivo esgrimido para justificar su envió a El Salvador y su ingreso allí a una cárcel de máxima seguridad.
Como estudiante y miembro del equipo del Departamento de Criminología de la Universidad de Panamá visité en varias ocasiones centros penales, entre ellos la Isla de Coiba, a donde se enviaba a presos políticos y a los detenidos considerados rebeldes, recalcitrantes, o incorregibles. Mi tesis de grado se basó en reincidentes y para cumplir con mi investigación me trasladé en varias ocasiones a Coiba, llegando a pasar una considerable cantidad de tiempo en el infierno que representa una prisión.
Esa experiencia me anima a solicitar una revisión del caso de Arturo Sánchez-Trejo. En la prisión la vida es severa, la situación no la maneja bien cualquiera, menos alguien que no ha tenido experiencias que lo preparen para la brutalidad que allí espera al que ingresa.
Pienso en su familia, en lo que sufre por la incertidumbre de no saber cómo está, ni si el sobrevivirá a ese calvario. Pienso en lo horrible que es sentirse solo, abandonado, despojado de dignidad y del respeto a la integridad que merece todo ser humano, y sin acceso a la ley que pueda detener o anular los efectos del abuso tiránico del poder. Ser venezolano no convierte automáticamente en antisocial a nadie.
Las autoridades en El Salvador poseen los recursos para determinar si personas como Arturo Sánchez-Trejo son o no delincuentes miembros del «Tren de Aragua». Una entrevista con Arturo, una revisión de documentos que entiendo existen y están disponibles, la acumulada experiencia que poseen tratando maleantes, pueden ayudar a desechar una injusticia y servir como prueba de que es necesario revisar los casos de otras personas que seguramente también se encuentran atravesando la misma horrible injusta e inhumana situación por la que hoy transcurre Arturo Sánchez-Trejo
Como músico, me solidarizo con la tragedia de un colega porque me luce injustamente tratado. Como abogado señaló la manera arbitraria como en ocasiones se aplica la ley, y cito al gran compositor puertorriqueño, «Tite» Curet Alonso: «la ley, aplicada mal, deja de ser ley», en su canción «Deshaucio».
Finalmente, Otzi, el «hombre de hielo» encontrado en los Alpes del Tirol austriaco en 1991, tenía tatuajes en su cuerpo hechos hace cinco mil años, mucho antes que existiera un tren, o un lugar llamado Aragua. Si los tatuajes fueran prueba suficiente para justificar sospechas sobre personas y decretar prisión a quien los exhiba, barcos, portaaviones, yates y naves civiles, mercantes o militares a nivel mundial, se quedarían sin tripulaciones.
Hacer lo correcto, no lo conveniente, eso es lo que exige la situación. Por favor, corrijan el aparente error del caso de Arturo-Trejo Suarez e investiguen con el detenimiento necesario a los deportados enviados junto a él. Por favor, eviten hacerse cómplices de una injusticia. Como bien dijo «Tite», «la ley aplicada mal deja de ser ley».
Gracias por su atención,
Rubén Blades
5 de Marzo, 2025”
Con información de Versión Final