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Las librerías Lata Peinada tienden un puente entre Madrid y Barcelona para los autores de Latinoamérica

lunes 15 de marzo de 2021, 14:00h

Mariveni Rodríguez (ALN).- Barcelona y Madrid tienen un puente aéreo seguro con la apertura de las dos librerías de Lata Peinada en el populoso Raval y en el movido barrio de Malasaña. Allí, la literatura latinoamericana, sus autores clásicos, noveles y las pequeñas editoriales tienen ya un lugar blindado. Un refugio para lectores acuciosos; esos que pasan ya de cualquier boom literario y buscan la cosmovisión de Latinoamérica. La argentina Paula Vázquez es la protagonista de esta hazaña que empezó cuando ella, de peque y aún sin saberlo, leía su Larousse Ilustrado y memorizaba las banderas del mundo “en un pueblo que no tenía plaza, bibliotecas, ni nada, pero sí que había una iglesia”, rememora abriendo su caja de recuerdos.

Paula Vásquez aspira a tener un fondo de autores latinoamericanos / Foto: Muna Hossain
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Paula Vásquez aspira a tener un fondo de autores latinoamericanos / Foto: Muna Hossain

El primer punto de apertura de Lata Peinada fue Barcelona. En 2019. El segundo Madrid. En 2020. Pandemia de por medio, Paula Vázquez y su socio, Ezequiel Naya, supieron leer a tiempo que el interés por la literatura latinoamericana no sólo obedecía al fenómeno del boom latinoamericano ni a un pistolazo de salida marketiano de la industria del libro.

Era cuestión de tiempo que esta joven nacida en el pueblo Del Viso, en Argentina, clavara las banderas de los países latinoamericanos en España y abriera estas dos librerías para dar a conocer las letras de ese tan vasto como complejo continente.

“La literatura fue la primera puerta hacia esos mundos posibles. Vengo de una familia donde no era habitual leer. Mi padre es un comerciante vinculado al campo. Y yo vivía en un pueblo, sin librerías ni biblioteca, sin cine ni lugares de sociabilización, salvo el colegio”, relata Vázquez.

“Pero un día, a mis ocho años -continúa abreviando su relato- pido a mis padres que me regalen un diccionario Larousse Ilustrado que aún preservo conmigo. Y cada noche, antes de dormir, buscaba y encontraba tantos significados... Me encantaba memorizar las banderas de cada país. Esas noches me abrieron el mundo de las palabras”, confiesa Paula Vázquez pensando en izar quizá alguna otra bandera en Francia, Bélgica o Italia, países de los que recibe pedidos de libros. “Porque los latinoamericanos estamos regados en el mundo”.

El instinto de leer y buscar otro mundo diverso al que naces

Vázquez recuerda que en su casa tampoco había biblioteca. Pero sí recibían mensualmente una visita muy oportuna: “un señor que vendía, casa por casa, colecciones de libros infantiles. Mi hábito de leer ha sido un impulso.O un misterio. No tengo a ningún familiar o referente que haya sido un gran lector. Es un instinto de supervivencia eso de buscar otras alternativas a ese mundo donde se nace”.

Esta pulsión ha motivado en Vázquez el deseo de acunar el libro como un objeto de arte, valorar las diversas ediciones y resguardar la literatura latinoamericana. Preservarla -desde luego- del escaso diálogo literario en Iberoamérica. Su aspiración es tener en sus estanterías la obra de la mayor cantidad de escritores y un fondo latinoamericano de editoriales independientes. Y para ello se ha dado a la búsqueda: desde México hasta La Patagonia o la Conchinchina (ese lugar que nadie sabe muy bien dónde está. Si es que existe). “Pero no es fácil”, aclara.

“Quiero impulsar la literatura desde el trabajo que hacen las editoriales pequeñas, artesanales, y desde la obra de nuevos autores que no tienen distribución. Pero es difícil. Comprar directamente en Venezuela es complicado. Tenemos de este país lo que las editoriales pueden enviarnos e intentamos traer bajo pedidos desde México, Perú, Uruguay, Colombia, Bolivia, Chile y Brasil (sólo obras traducidas)”, advierte Paula Vázquez dispuesta a realizar contactos de exportación en Latinoamérica para ampliar su fondo en España y enviar a otros países europeos.

“Llegue a España en el 2008, cuando tenía 24 años. Hice mi maestría en Sociología Jurídica y en dos años descubrí la Barcelona literaria. Me encanta ir a la librería La Central del Raval, subir al segundo piso y buscar... El sistema interconectado de bibliotecas de las universidades españolas me fascina. Barcelona me ha dejado un amor profundo que ha hecho que viva largas temporadas allí y algunos meses en Buenos Aires. Vivo itinerante entre España y Argentina. Es un viaje de idas y vueltas que algún día tendrá que definirse”, zanja Paula Vázquez para no seguir el hilo de Ariadna.

“Barcelona siempre fue mi deseo, un lugar de mucha libertad. Allí realizo un proyecto de vida muy diferente al de Buenos Aires. Pero mi pasión son los libros”, revela Vázquez.

Queda clara su pasión: Más de 15.000 libros alimentan los días y las noches de sus dos librerías. Muchas ficciones o fragmentos poéticos que surgen de las editoriales El Cuervo (Bolivia), Hueders (Uruguay), Laguna (Colombia), Mansalva y Entropía (Argentina), Alquimia (Chile), Ediciones Ekaré, Libros del Fuego, Kalathos y Bi&Co (Venezuela).

Sofía Valbuena es la encargada de la librería-café de Madrid / Foto: Muna Hossain

Librerías que crean lectores y escritores

Así, en Carrer de la Verge 10, de Barcelona, y la calle Apodaca 6, de Madrid, es fácil recrearse en Julio Cortázar y dar la vuelta al día en ochenta mundos. Todas estas solapas y páginas han hecho posible que se cumpla el sueño de esta joven argentina que comenzó descubriendo palabras en un diccionario, continuó su travesía por las novelas Las muertas, de Jorge Ibargüengoitia o El affair Skeffington, de María Moreno y que ahora descubre sus joyitas o libros fetiches.

“La sección Joyitas no es más que libros descatalogados. No sólo primeras ediciones. Tengo con ellos un vínculo emocional, y esa nostalgia por un ejemplar hace que sea coleccionable o un libro objeto”, comenta Vázquez.

Además de la obra Cien años de soledad, del colombiano Gabriel García Márquez, tiene primeras ediciones de La casa verde, del peruano Mario Vargas Llosa o La novela luminosa, del uruguayo Mario Levrero. Además, resguarda joyas como el libro Poesía Vertical, de Roberto Juarroz o Los adioses, de Juan Carlos Onetti. “Busco todo esto y más cosas en librerías viejas”, comenta.

Lata Peinada es un proyecto con futuro. No depende del crecimiento de Amazon porque sus libros son artesanales. “Y no dan pelota, viste. No somos competencia para ellos”.

“Nosotros -explica- confiamos en el comercio de cercanía, en hacer comunidad, en tener un lugar donde construir con talleres, presentaciones de libros. Somos libreros, conocemos a nuestros lectores, sabemos qué le gusta a cada uno. No es lo mismo que por mensajero te llegue un libro que acudir a la librería, hablar con el librero, charlar de las novedades y que te recomiende, mirar los estantes, elegir. Por eso pensamos hacer de las librerías un espacio de encuentro entre personas y a través de la literatura latinoamericana. Porque las librerías crean lectores y escritores”.

Tu vida, mi vida, de Fito Páez, suena en Lata Peinada. Es la canción predilecta de Paula Vázquez. Pensando quizá en las vidas de todas las mujeres, de escritoras, lectoras y no sólo… Sus librerías dedican este mes los escaparates a libros que tengan portada en color violeta. Un homenaje al 8M, dice Sofía Valbuena, encargada de la librería-café de Madrid.

Este mes Lata Peinada (Madrid) tiene además lecturas con el escritor Federico Falco (el 10 y 17); la presentación de la novela Paradise, de Fernanda Melchor (el 12) y un taller de libros cartoneros (el 20).

A todas estas actividades pueden suscribirse a través de la web y, con todo, apuntarse al club de libros o a las lecturas del blog, donde “dice la leyenda que si uno de los libreres (soy el único hombre así que lucho por mi e) de Lata Peinada, en un acto de apuro o de distracción, aplica el sello de la librería en la primera página al revés, el lector de ese libro encontrará un mensaje oculto entre las palabras”.

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