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Francisco Rodríguez: “Hace falta una negociación entre gobierno y oposición para que Venezuela tenga una vacuna”

jueves 14 de enero de 2021, 16:00h

Daniel Gómez (ALN).- Venezuela firmó con Rusia un acuerdo para recibir la vacuna del coronavirus. ¿Pero dónde están las dosis? ¿Dónde están los envíos? Como advierte el economista venezolano y director de la fundación Petróleo por Venezuela, Francisco Rodríguez, lo peor es que no existen perspectivas de que la vacuna llegue en el corto plazo. Ninguna. Ni la de Rusia. Ni la de Pfizer. Ni la de Covax. ¿Qué se puede hacer? “O la oposición y el gobierno se ponen de acuerdo, o no llegarán las vacunas al país”, apuntó Rodríguez en entrevista con ALnavío.

Francisco Rodríguez pide una negociación despolitizada para Venezuela / Foto: OilForVenezuela
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Francisco Rodríguez pide una negociación despolitizada para Venezuela / Foto: OilForVenezuela

Francisco Rodríguez es uno de los economistas venezolanos más reputados. Se doctoró en Economía por la Universidad de Harvard, dirigió el Informe de Desarrollo Humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo entre 2008 y 2011 y fue profesor en las universidades de Maryland y Wesleyan, así como en el Instituto de Estudios Superiores de Administración de Venezuela. También tiene experiencia en el sector privado como responsable de la región andina de Bank of America y economista jefe de Torino Economics.

En la actualidad, Rodríguez dirige Petróleo por Venezuela. Una fundación sin ánimo de lucro con sede en Nueva York que persigue iniciativas útiles para los venezolanos que sufren la crisis humanitaria. La pobreza. El hambre. La pérdida de poder adquisitivo.

Por todo lo anterior, pide a gobierno y oposición que se sienten a negociar. Que independientemente de la situación política, busquen acuerdos en el tema humanitario. Y en este sentido, pone el foco en el coronavirus y en la vacuna.

“Venezuela se está quedando a la zaga en el proceso de negociación”, advirtió al diario ALnavío.

En esta entrevista, Francisco Rodríguez pide una negociación despolitizada entre gobierno y oposición, mientras analiza el horizonte económico de Venezuela ahora que Joe Biden estará en la Casa Blanca y parece dispuesto a cambiar la estrategia de máxima presión contra Nicolás Maduro y el resto de los funcionarios chavistas.

- Biden será presidente de Estados Unidos en menos de una semana. ¿Habrá un cambio en la relación con Venezuela?

- Habrá una reevaluación de la política exterior de Estados Unidos con algunos países, incluida Venezuela. Su estrategia fue muy unilateral. Eso quiere decir que no hubo un enfoque común con Europa en muchos temas y creo que habrá un nuevo esfuerzo por lograr convergencia. Desde el punto de vista de las sanciones, que ha sido la estrategia principal de Donald Trump hacia Venezuela, vemos que el equipo de Biden es muy crítico con la tesis de la máxima presión, esa idea de que lo que tienes que hacer para lograr el cambio en Venezuela es aumentar la presión por todas las vías, trancando al país la posibilidad de exportar petróleo y obtener fuentes de financiamiento. Esto no quiere decir que no habrá sanciones. Creo que hay mucha preocupación en el equipo de Biden por el impacto humanitario de las sanciones, y buscará la forma de atenuar la crisis humanitaria. Otro elemento que cambiará es la tesis de todas las opciones sobre la mesa. Con Biden está muy claro que la opción militar no está sobre la mesa. Esto cambia mucho la dinámica, porque si el objetivo es cuadrarse con Europa, quedará claro que los esfuerzos son para apoyar una negociación. Así que los esfuerzos serán para lograr que oposición y gobierno se sienten y lleguen a un acuerdo negociado.

- Quienes lideran la oposición en Venezuela, sin embargo, siguen insistiendo en la tesis de máxima presión. ¿Influirá esto en la estrategia de Estados Unidos?

- No es que la oposición determine la política exterior estadounidense hacia Venezuela. En el caso de Trump, ciertamente oía mucho al liderazgo del G4 (los cuatro principales partidos de la oposición), y en especial actores como Voluntad Popular. Aun en el caso de Trump, creo que la política la diseñaba la Casa Blanca, y entre ellos el Departamento de Estado. La oposición coincidía con esa política porque en verdad no tenía otra alternativa. Si nos remontamos al origen del gobierno interino, este entra en existencia porque Estados Unidos quiere reconocerlo. Con la Administración Biden, vamos a ver una dinámica distinta. Por supuesto oirá al G4, pero también a otros sectores de la oposición, como el liderado por Henrique Capriles, la oposición que participó en la Mesa de Diálogo Nacional y también de la sociedad civil, que tiene mucho que decir. Pero definitivamente el liderazgo del G4 no impondrá la política exterior de Estados Unidos.

- Si Estados Unidos rebaja la presión, Maduro tendrá menos impedimentos para encontrar financiación. ¿Mejorará esto la economía de Venezuela?

- La economía venezolana es un tercio del tamaño de lo que era antes de que Maduro llegase al poder, en 2012. La mayor parte de esa contracción se ha dado en los últimos cuatro años. Esto quiere decir que la economía se puede recuperar, pero seguirá siendo muy pobre relativamente a lo que era. Las sanciones tienen un efecto importante en la economía. No hay duda de eso. Así que aliviar estas medidas debería tener el efecto de mejorar la situación. Eso no quiere decir que el país estará como estuvo en el pasado. Ni siquiera se acercará. Pero sí puede suceder que en 2021 Venezuela cuente con mejores condiciones económicas que en 2020.

- ¿Venezuela puede verse favorecida en lo inmediato?

- Los cambios en la Administración Biden serán graduales. Pero creo que hay espacios en los cuales es muy fácil modificar las políticas. El primero es el de permitir los intercambios de petróleo por diésel, prohibidos por Trump a finales de 2020. Ya de por sí esto implicará una mejora en la provisión de diésel, mejorando la escasez. El otro punto importante será el de no imponer más sanciones secundarias. Estas son el principal impedimento para que Venezuela se relacione con el mundo. Al final estas sanciones secundarias se convierten en una amenaza para que la mayoría de las compañías petroleras del mundo decidan no hacer negocios con Venezuela. En el momento que ellos dejen claro que no impondrán más sanciones secundarias, veremos a muchos actores como Repsol, China, Rusia, Noruega o Francia, dispuestos a comprarle petróleo a Venezuela. Si sobre esta base se recupera la producción, habrá más importaciones, y cuando aumentan las importaciones, la economía se recupera. No se acabará con la crisis, pero la situación mejorará con respecto al pasado reciente.

- ¿No se puede ver el levantamiento de sanciones como un balón de oxígeno para Maduro?

- Las sanciones económicas no sacan a gobiernos del poder. Para generar un cambio político necesitas incentivos para que el grupo gobernante abandone el poder. Con sanciones, mandas una señal clara de que si abandonan el poder serán perseguidos. Esto lo aleja de una negociación. La literatura sobre sanciones documenta todo esto, y evidencia que estas políticas terminan por fortalecer al régimen. Además, a medida que el país se empobrece, el Estado es cada vez más poderoso. Por ejemplo, si Venezuela tuviera una economía próspera, los venezolanos podrían ser más independientes del Estado y no tendrían que depender de la bolsa CLAP del gobierno. Pero la situación es ahora tan desesperada que la gente no se quiere arriesgar a perder esta bolsa de sostén.

- Usted siempre defendió que las sanciones no sacan a gobiernos del poder. Recibió muchas críticas. ¿Siente que el tiempo le da la razón?

- Siempre que he participado en estas discusiones apunto a que veamos los datos, la evidencia, la literatura… porque estos demuestran que las sanciones terminan consolidando a gobiernos autoritarios. Y también es cierto que la mayoría de los venezolanos en Estados Unidos y en la diáspora apoyan las sanciones como un castigo contra Maduro. Esto genera un contexto político en el cual los debates se vuelven encarnizados.

- ¿Hacia dónde deben apuntar los acuerdos entre gobierno y oposición?

- Hago énfasis en el problema de las vacunas. Venezuela se está quedando a la zaga en el proceso de vacunación. El gobierno anunció un acuerdo con los rusos, pero hay dudas sobre si puede movilizar los recursos para pagarla. Ya vemos que la vacuna rusa ha llegado a Argentina, que se está aplicando allí, mientras que a Venezuela ni remotamente ha llegado. Y con respecto a las otras vacunas no hay ninguna perspectiva. Venezuela está fuera del sistema Covax para países de bajos ingresos por la deuda que mantiene con la Organización Panamericana de la Salud. Uno de los problemas es que el país no puede movilizar recursos con la banca internacional por las sanciones. Tampoco puede hacer negocios con empresas. Maduro no está en disposición de firmar esos contratos. En muchas instancias relevantes aquí, como son los tribunales de EEUU, a Maduro no se le considera presidente de Venezuela. O la oposición y el gobierno se ponen de acuerdo, o no llegarán las vacunas al país. Los venezolanos tienen derecho a estar vacunados y protegerse de este virus. Hace falta un acuerdo de negociación entre gobierno y oposición para que Venezuela tenga una vacuna.

- El término negociación no está bien visto en muchos sectores de la oposición…

- La mayoría de los venezolanos no ha visto acciones concretas por parte de la oposición ni del gobierno para que les resuelvan sus problemas. Para la opinión pública venezolana Juan Guaidó y Maduro son dos hombres que están peleándose por el poder mientras sufre la gente. El aplauso de la oposición a las sanciones ha reforzado esta visión. Por cosas así planteé el año pasado que Citgo, una compañía venezolana en Estados Unidos manejada por Guaidó, que refina y produce petróleo, envíe crudo para atenuar la crisis de gasolina. A finales de 2019, la CAF y el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) diseñaron un esquema para atender la crisis eléctrica de Venezuela, sin que el gobierno de Maduro administrara los recursos, sino que lo hiciera el PNUD. Pero la Asamblea Nacional de Venezuela no aprobó la ley. Por eso creo que la oposición tiene que reexaminarse. Habiendo asumido el rol de gobierno, controlando Citgo, recursos en el exterior, habiendo hecho esto lo que la gente ve son esfuerzos de lobby para sancionar a Maduro, pero sin sacarlo del poder.

- ¿Pero ve posible que el gobierno y la oposición se sienten a negociar, de verdad?

- Tengo bastante seguridad de que esto es algo que se va a hacer tarde o temprano, haya o no solución a la crisis política. Venezuela no puede seguir retirada de la economía internacional. A lo largo de los últimos años los vínculos con el mundo se han roto. Estos fundamentalmente eran la exportación de petróleo y los mercados financieros internacionales. Para que la economía venezolana tenga cierta funcionalidad, tiene que reinsertarse y eso sólo ocurrirá bajo acuerdos políticos. Si la oposición no estuviese dispuesta a un acuerdo humanitario, no me sorprendería que la comunidad internacional decida tener ese acuerdo con Maduro, como fue el caso de Irak, que la comunidad lo manejó directamente con Saddam Hussein. La oposición tiene que entender que los problemas del país no pueden estar sujetos a un conflicto político. Maduro por supuesto tiene que entenderlo también. Tengo la esperanza de que la política exterior estadounidense apueste por el multilateralismo y maneje el tema Venezuela de forma global, con Europa, con América Latina, e incluso con China y Rusia. No hay que olvidar que el gobierno de Maduro ha bloqueado muchos acuerdos, sabemos de la persecución contra las organizaciones humanitarias, sabemos que el gobierno de Maduro ha impedido que entre el Programa Mundial de Alimentos para no perder ellos el sistema humanitario. Lo que quiero es una negociación en el tema humanitario. Ellos pueden discutir lo que quieran. Que si elecciones. Que si una transición. Que si un nuevo CNE (Consejo Nacional Electoral). Pero el tema humanitario tiene que estar en una mesa distinta, con supervisión y contraloría internacional para evitar que los recursos adquieran connotaciones políticas.
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