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Bildu: Así ha sido el polémico proceso de normalización de la izquierda nacionalista vasca en la democracia española

miércoles 18 de noviembre de 2020, 14:00h

Ysrrael Camero (ALN).- La posibilidad de que los votos de EH Bildu apoyen los Presupuestos Generales del Estado ha generado revuelo en la opinión pública, en los dirigentes políticos, el rechazo de altos dirigentes del PSOE, como Alfonso Guerra, y del presidente de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, así como la crítica del presidente extremeño Guillermo Fernández Vara, de Susana Díaz, Adrián Barbón o Javier Lambán. En el centro de las críticas la vinculación con la violencia de la desaparecida ETA.

Arnaldo Otegi es el coordinador general de EH Bildu / Foto: Bildu
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Arnaldo Otegi es el coordinador general de EH Bildu / Foto: Bildu

El reto más importante que enfrentó la democracia española fue la violencia del grupo terrorista Euskadi Ta Askatasuna (ETA). Hasta el cese de su actividad armada en 2011 asesinaron a más de 800 personas, hirieron a más de 3.000, practicaron más de 80 secuestros, así como extorsiones generalizadas.

La democracia triunfó, y la violencia etarra fue arrinconada y derrotada. Ese proceso pasó por la incorporación de la izquierda abertzale al funcionamiento democrático. Que los conflictos políticos se resuelvan a través de los votos, abandonando las balas.

La izquierda abertzale y la violencia terrorista de ETA

Apareció ETA durante la dictadura franquista, en 1959, como una escisión de jóvenes radicalizados del Partido Nacionalista Vasco (PNV). Combinaron el nacionalismo étnico vasco con el socialismo. A diferencia del PNV, que era un partido conservador y católico, la izquierda abertzale se asumía marxista-leninista.

Empezaron a matar en 1960, asesinaron a Luis Carrero Blanco en 1973, realizando su primer atentado masivo en Madrid en 1974. Durante el franquismo asesinaron a 45 personas. Esa escalada de violencia derivó en escisiones internas que dividieron a la organización entre una estructura político-militar y una militar.

Hubo quienes supusieron equivocadamente que, al iniciarse el proceso de transición a la democracia, dejarían de matar. Organizaciones políticas de la izquierda abertzale participaron en las elecciones de 1977. Varios dirigentes asumieron posiciones críticas contra la violencia terrorista, rechazando el asesinato de dirigentes de la UCD en 1980. Abandonando la línea armada, en 1982 muchos se acogieron a la amnistía concedida por el gobierno, integrándose posteriormente en Euskadiko Ezkerra, que en 1993 se integraría en el Partido Socialista de Euskadi (PSE).

Otros persistieron en la violencia terrorista contra la democracia. ETA-militar boicoteó las elecciones de 1977. Decidieron seguir asesinando militares y policías, al tiempo que, en 1978, apoyaban la creación de Herri Batasuna (HB), que se convirtió en su brazo político. Incrementaron los atentados terroristas, asesinando civiles y militares, atacando en ciudades como Madrid y Barcelona.

Movilización civil y política contra la violencia

La democracia española combinó la movilización civil, una política antiterrorista, y procesos de negociación, que pasaban por la inclusión de la izquierda abertzale, en la medida en que renunciara a la violencia y a la lucha armada.

El incremento del terrorismo durante la democracia provocó indignación en la sociedad. En 1986 fue fundada la Coordinadora Gesto por la Paz de Euskal Herria, que realizaría manifestaciones silentes luego de cada asesinato de ETA. En paralelo, como respuesta política, se generaron pactos entre los partidos para presentar un frente unido contra la violencia etarra y por la consecución de la paz.

En los años 90, ETA inició una táctica de “socialización de la violencia”, incrementando la crueldad y el impacto de sus acciones, siguió matando y apelando a distintas formas de violencia, como el ataque contra la sede de varias organizaciones políticas.

Dos líneas se abrieron, el pacto constitucionalista entre el PP y el PSOE, para derrotar a ETA con medidas judiciales y policiales y, desde el entorno nacionalista, se privilegiaba una solución negociada, que derivaría en el Pacto de Estella.

La movilización civil y la unidad política arrinconaron a los violentos. En 1998, ETA se mostró dispuesta a negociar, declarando una primera tregua indefinida en septiembre, tras la cual se iniciaron conversaciones con el gobierno. Esta tregua duró hasta agosto de 1999.

Bajo el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero se realizó el proceso de paz con ETA desde 2005, que pasó por las declaraciones de alto al fuego de 2006 (hasta 2007) y de 2010. Los difíciles procesos desembocaron en la declaración del cese definitivo de su actividad armada en 2011, siendo disuelta la banda en 2018.

El PSOE y Pedro Sánchez pagan un alto costo por este apoyo / Foto: Moncloa

El caso de EH Bildu

Los procesos de pacificación, más aún si pasan por una negociación, requieren interlocutores. Dentro del mundo violento de ETA, el polémico Arnaldo Otegi, parece ser uno de los principales impulsores del abandono de la lucha armada. Eso no lo salva de sus responsabilidades ante su pasado violento, pero ubica su lugar en el proceso político, y contextualiza su rol de coordinador general de EH Bildu.

El fin de la acción armada del grupo terrorista implica la aceptación de que la violencia es una vía clausurada, inviable, y que sólo es posible avanzar dentro de la participación democrática. La normalización de la participación de los sectores de la izquierda abertzale en la política forma parte de la misma pacificación.

EH Bildu fue fundado en 2012 como una coalición entre Sortu, Eusko Alkartasuna, Aralary Alternatiba. Su inscripción fue admitida por el Ministerio del Interior en 2014. Es un partido legal. Los ciudadanos han votado por la lista de la organización en las elecciones generales y sus diputados son tan legítimos como los de Vox. Forman parte de la aritmética parlamentaria fruto de la voluntad popular.

En sus estatutos rechaza el uso de la violencia. Al momento de su fundación obligó a sus candidatos a firmar un compromiso de oposición a cualquier violación de los derechos humanos y al uso de la violencia. Han reconocido el dolor que la violencia etarra causó en sus víctimas y en sus familiares.

En la política vasca y en la navarra los acuerdos con la izquierda abertzale son recurrentes, apelando a ellos el mismo PP durante los tiempos en que Javier Maroto fue alcalde de Vitoria, entre 2011 y 2015.

El voto de EH Bildu a favor de los Presupuestos Generales del Estado (PGE) lo eleva a un tema nacional. Es un proceso complejo, ninguna garantía será suficiente para los familiares de las víctimas de ETA. Las amnistías vinculadas a las pacificaciones, la normalización democrática, que también se vinculan con la justicia y el conocimiento de la verdad, son largos caminos.

Unidas Podemos es quien más ha empujado este apoyo, el PSOE y Pedro Sánchez pagan un alto costo por ello. Visto históricamente puede ser un paso en la normalización democrática que termine de cerrar la violencia etarra.

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