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En plena debacle económica de Venezuela Nicolás Maduro reabre el lujoso Hotel Humboldt

viernes 23 de octubre de 2020, 14:00h

Pedro Benítez (ALN).- Pese a sus quejas contra el “criminal bloqueo estadounidense” las autoridades maduristas han reabierto, luego de un cierre de siete meses, el teleférico de Caracas que conduce a las instalaciones del lujosamente restaurado Hotel Humboldt, propiedad del Estado venezolano. Ubicado a 2.100 metros sobre el nivel del mar, es recuerdo del boom petrolero de los años 50 del siglo pasado y símbolo faraónico de las dictaduras que ha soportado el país. Primero la del general Marcos Pérez Jiménez y ahora la de Nicolás Maduro. Un duro contraste con la realidad diametralmente distinta que sigue padeciendo el resto de Venezuela.

Maduro se esfuerza por crear la imagen de un país próspero y feliz / Foto: PrensaVE
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Maduro se esfuerza por crear la imagen de un país próspero y feliz / Foto: PrensaVE

Disponiendo de todos los servicios que se le niegan a la abrumadora mayoría de los venezolanos, por segundo año consecutivo las autoridades maduristas reabrieron el lujoso Hotel Humboldt. Ubicado en uno de los picos del Litoral de la Cordillera de la Costa, su espectacular vista da al mar Caribe por el lado norte y al valle de Caracas por el sur. Nunca ha sido viable económicamente, pero es uno de los símbolos de la capital de Venezuela, recuerdo del primer gran boom petrolero de los años 50 del siglo pasado y obra de la última dictadura militar.

En la peor parte de la más devastadora debacle económica que país alguno del continente americano haya sufrido sin pasar por una guerra, Nicolás Maduro se propuso restaurarlo y ponerlo en servicio nuevamente en el año 2018. Con toda seguridad es la única promesa que ha cumplido.

Según relatan los que han tenido oportunidad de verlo recientemente, e incluso ratifica la propaganda oficial, el hotel cuenta con todas las comodidades propias de una instalación de lujo. Piscina climatizada, restaurante, seguridad, abundante agua potable y buen fluido eléctrico.

2.100 metros más abajo los maestros protestan en demanda de mejores salarios y un trato digno. El sueldo de un docente venezolano del sector público es hoy de 722.016 bolívares soberanos mensuales. 1,57 dólares al momento de redactar esta nota. 30 huevos cuestan 1.260.000 bolívares soberanos y un kilogramo de carne 1.980.000.

El pasado martes 13 de octubre, mientras zonas completas de la ciudad de Caracas y regiones enteras del país sufrían varias horas de cortes en el suministro eléctrico, desde el hotel se daba un espectáculo de luces que iluminaron la noche capitalina. Según informaciones no confirmadas, la exhibición lumínica fue el prolegómeno de una fiesta que se efectuó días después en sus instalaciones, pese a la prohibición oficial de concentraciones de cualquier tipo como parte de las medidas para prevenir la difusión del covid-19.

Sin embargo, no es la primera vez que en ese sitio se realizan actividades que los caraqueños han bautizado como “coronaparty”. Y es de suponer que sólo pueden evadir la restricción oficial, y por lo tanto disfrutar de la ocasión, quienes cuenten con alta influencia política.

Si el Hotel Humboldt fuera una iniciativa a cuenta y riesgo de la inversión privada poco se le podría criticar. Después de todo, sería una fuente de empleos e ingresos para la ciudad. Pero jamás, ni en los mejores momentos de la próspera Venezuela de no hace mucho tiempo, fue redituable. Ni siquiera cuando el Estado lo entregó en concesión a la cadena hotelera Sheraton en 1965, o cuando directamente se lo privatizó en 1998. En 2007 el Estado revocó la medida y desde 2012 comenzó a invertir recursos para ponerlo en funcionamiento.

Mientras el hotel en cuestión exhibe hoy una imagen remozada y unos espacios muy confortables a cuenta de los menguados recursos nacionales, la infraestructura de prácticamente todos los hospitales, las escuelas, los centros de educación media y las universidades públicas de Venezuela están en el suelo por falta de mantenimiento, sometidos a la deficiencia en los suministros de agua potable y electricidad. Cualquier observador más o menos objetivo podrá apreciar dónde se encuentran las auténticas prioridades en materia de gestión pública de Maduro y sus colaboradores.

El hotel cuenta con todas las comodidades propias de una instalación de lujo / Foto: HH

Venezuela es el reino de la desigualdad

No obstante, ni Maduro, ni sus funcionarios, se toman la molestia de disimular el grosero contraste entre las dos realidades. Por el contrario, él personalmente las exhibe y las promueve.

En mayo de 2018 reinauguró el hotel por todo lo alto prometiendo que sería el primero de “siete estrellas de Venezuela”. En noviembre de 2019 desde sus instalaciones “decretó” el inicio de las navidades como parte de su esfuerzo por crear la imagen de un país próspero y feliz. Muy alejado, por cierto, de la retórica que atribuye todo cuanto va mal al “criminal bloqueo estadounidense”.

No es una actitud aislada. A ratos en la retórica oficial ya no hay crisis. La vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, acaba de afirmar en una entrevista que en Venezuela “no hay hiperinflación”, sin que ni ella ni ninguna otra fuente oficial aporten cifras al respecto. También descartó que el dólar reemplace a la moneda nacional, cuando la realidad cotidiana venezolana es que la gente ya hizo ese reemplazo.

Un día se anuncia la adquisición de costosos equipos militares o nuevas máquinas para el sistema electoral sin que las sanciones estadounidenses sean obstáculo alguno. Es normal que los funcionarios maduristas den muestras públicas de ostentación con costosos relojes y vehículos, mientras aseguran sin ningún empacho que buscan “reforzar los ingresos de los trabajadores”, de 1,57 dólares mensuales, y “consolidar el sistema de protección social” en un país con 60% de la población en pobreza extrema, según la más reciente Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) que realizan las universidades nacionales.

Maduro apunta el dedo acusador contra las violaciones a los Derechos Humanos en Colombia, Chile o Estados Unidos, mientras ignora los gravísimos señalamientos contenidos en el informe de la Alta Comisionada de Naciones Unidas, Michelle Bachelet, o el más reciente de la Misión de Verificación de Hechos de la ONU. Luz para la calle, oscuridad en la casa.

Todos los reportes e informes nacionales e internacionales serios que se han hecho confirman lo que los habitantes del país pueden constatar diariamente: Venezuela es el reino de la desigualdad más atroz y de la sistemática exclusión social. Una sociedad donde el relato de los que dominan (porque no gobiernan) no tiene nada que ver con las miserias y dificultades cotidianas de la población.

Pedro Benítez

Artículos de Pedro Benítez

Historiador y escritor

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