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Cómo la robotización avanza a paso indetenible y cuáles son los desafíos que plantea

miércoles 09 de septiembre de 2020, 14:00h

Nelson Rivera (ALN).- Estiman los expertos que en el mundo están operativos más de dos millones de robots. La robótica avanza hacia los hogares, las escuelas, los centros productivos y de salud, las calles y plazas, los estadios y los parques infantiles. Todo indica que esta es una tendencia irreversible y que nos corresponde prepararnos para ella.

En el mundo están operativos más de dos millones de robots / Foto: Pikist
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En el mundo están operativos más de dos millones de robots / Foto: Pikist

Hace un siglo, durante una noche de insomnio en la que trabajaba en una obra de teatro, el escritor checo Karel Capek puso sobre el papel, por primera vez en la historia, la palabra robotik, que había escuchado de su hermano Josef, para designar a una especie de humanoide capaz de realizar trabajos forzados. La obra R.U.R. -Robots Universales Rossum-, que se estrenó al año siguiente (1921), cuenta la historia de una corporación que construye autómatas que se sublevan contra la humanidad. La idea de un humanoide creado a partir de materiales inanimados, proviene de la tradición judía medieval, específicamente del Golem, poderosa criatura imaginaria que recibe órdenes de un ser inteligente. Luego de su estreno, la palabra robot se propagó por el mundo a velocidad insospechada.

Estiman los expertos, que 100 años después, en el mundo están operativos más de dos millones de robots. Una parte sustantiva de ellos se distribuye en países asiáticos como Corea del Sur, Japón, Singapur, Taiwán y China, y en naciones europeas como Alemania, Italia, Suecia y Dinamarca. En el Medio Oriente, la ventaja de Israel es abrumadora con respecto a sus vecinos. En el continente americano, el ventajoso liderazgo de Estados Unidos es previsible.

En las cifras contenidas en el artículo ‘Robots en América Latina: ¿cuántos son, dónde están y cuánto tributan?’, publicado por el especialista del Banco Interamericano de Desarrollo -BID- Rodrigo Suescun, en marzo de 2019, el rezago de América Latina resulta evidente: de acuerdo a un informe de la Federación Internacional de Robótica -FIR-, a finales del 2017, en toda la región había apenas 42.041 robots industriales, principalmente en México y Brasil. La gran mayoría de esos robots operan en las industrias manufacturera y automotriz. Cuando se compara el total de la región -los 42.041 mencionados- sólo con el número de robots activos en un país como Japón, por ejemplo, que dispone de casi 300 .000, se hace patente que la cuarta revolución industrial todavía no ocupa un lugar realmente prioritario en las agendas de gobiernos y empresas de América Latina.

Avanza la diversificación

Estos robots de uso industrial, que actúan principalmente en cadenas de montaje, son sólo una de las ramas de la robótica. En la última década, en la medida en que los recursos de la inteligencia artificial se han desarrollado y expandido, investigadores, científicos e ingenieros han venido anunciando novedades, casi a diario, que a menudo parecen extraídas de relatos de ciencia ficción: drones que se posan en el jardín de una casa portando alguna mercancía; vehículos sin conductor, cuyas pruebas continúan en Estados Unidos, Europa y Asia; cirujanos que, a miles de kilómetros, hacen complejísimas intervenciones quirúrgicas, manejando equipos de robots que rodean al paciente, sin el riesgo de que el pulso de la máquina tiemble durante la operación; robots que reciben a los clientes detrás de la barra de un bar, y son capaces de preparar los cocteles más sofisticados, atendiendo al específico gusto de cada quien.

Los drones se utilizan para repartir productos a domicilio / Foto: Pixnio

En la robótica subyace un propósito: reproducir las habilidades humanas, pero también, potenciar las capacidades del ser humano, como en el caso de los exoesqueletos, robots que acogen en su seno a trabajadores (como si fuese una armadura) y les permiten acciones de extrema precisión, evitar los riesgos por manipulación de sustancias peligrosas o levantar pesos de hasta media tonelada.

La diversificación que se está experimentando ya ha creado robots que hacen tareas de limpieza en el hogar, realizan inventarios en grandes depósitos de productos, recorren en las noches el perímetro de edificios públicos e instalaciones militares para evitar el ingreso de personas indeseables, distribuyen medicamentos en centros de salud, detectan la presencia de cardúmenes en alta mar, ordeñan reses o cosechan hortalizas directamente del suelo. La robótica avanza hacia los hogares, las escuelas, los centros productivos y de salud, las calles y plazas, los estadios y los parques infantiles.

Tecnofobia y otros desafíos

Aunque los científicos son tajantes al desmentir el supuesto peligro que los robots podrían, con el tiempo, representar para la especie humana, en estos tiempos tan proclives a creer en conspiraciones, no faltan los tecnófobos que se oponen al auge de la robótica, con el argumento de que ella deshumaniza y promueve seres humanos dependientes.

La otra cuestión, esta sí de gran significación, es el impacto que la robótica podría causar en el empleo disponible en el mundo, sobre todo ahora, cuando las exigencias de distanciamiento social en todos los campos de la acción humana, incluyendo el productivo, abren nuevas oportunidades para los robots, al tiempo que limitan o reducen las de las personas. Cada vez es más frecuente que se publiquen estudios o proyecciones de oficios y profesiones que serán desplazados por robots. Con el paso de los años, aquellas prospecciones que hacían los entusiastas de las nuevas tecnologías, que sostenían que la nueva economía digital crearía un número de empleos semejante a los que destruiría, ha sido claramente desmentida y superada por los hechos: hasta ahora, el resultado más habitual no es otro que la reducción de los puestos de trabajo disponibles.

Y hay más desafíos, especialmente en el ámbito de la acción socio-sanitaria. Los especialistas en la conducta humana se están preguntando, por ejemplo, si el apoyo que un robot puede ofrecer a un niño con autismo, a un anciano que sufre pérdida de la memoria o a una persona con discapacidad, no actuará como un búmeran que los aleje del imprescindible contacto con otros seres humanos. En cualquier caso, estas interrogantes, muchas de ellas relativas a la capacidad de las personas de convivir con un robot al lado, no detendrán la creciente presencia de robots en el desenvolvimiento de lo humano. Todo indica que es una tendencia irreversible y que nos corresponde prepararnos para ella.

Nelson Rivera

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