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Maduro sepulta una de las banderas que más votos y beneficios políticos le dio a Chávez

viernes 01 de mayo de 2020, 15:00h
Pedro Benítez (ALN).- Icono del populismo chavista. Santo grial de la política venezolana. Tema tabú de todas las campañas presidenciales. Un mito. Sostener en niveles bajos hasta el ridículo el precio de la gasolina fue una de las banderas más importantes para Hugo Chávez. Poco importó que durante los 12 años que estuvo en el poder, el costo de oportunidad que implicaba ese subsidio superara los gastos en salud y educación, y un gigantesco drenaje de recursos para PDVSA. Hoy, con Venezuela paralizada por la falta de gasolina y con la industria petrolera en ruinas, a Nicolás Maduro no le queda otra opción que enterrar una de las últimas banderas del chavismo.
A Chávez el precio de la gasolina le dio un relato para el poder / Foto: PDVSA
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A Chávez el precio de la gasolina le dio un relato para el poder / Foto: PDVSA

Nicolás Maduro se apresta a enterrar de manera definitiva una de las banderas políticas de Hugo Chávez. Aquella, el aumento de la gasolina, que supuestamente provocó el Caracazo de 1989 y el relato político que se edificó en torno a los saqueos que conmocionaron a Caracas. El Caracazo fue usado en parte para justificar los golpes militares de 1992. El precio de la gasolina se convirtió en el santo grial de la política venezolana en, por lo menos, las últimas tres décadas. Un mito.

Esa ha sido una de las cosas más absurdas y nefastas que Venezuela se ha hecho a sí misma como sociedad. Pero lo más absurdo fue convertir ese subsidio en bandera política.

En el imaginario colectivo venezolano se ha justificado tener una gasolina barata hasta el absurdo, en realidad regalada, porque éramos un país petrolero. Algún privilegio merecíamos por esa circunstancia.

Pues bien, hoy para la mayoría de los venezolanos no hay gasolina. Y si se consigue tiene que pagarse al precio más alto del mundo y justo ahora cuando el precio internacional está a la baja en todas partes. Un dólar por litro en Caracas; y tres dólares por el mismo litro en Maracaibo, cobran los efectivos de la Guardia Nacional (GNB) que controlan el poco suministro disponible.

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Erase una vez un país petrolero

Hubo una época en que Venezuela fue el tercer productor mundial de crudo (detrás de Estados Unidos y la Unión Soviética) y el primer exportador del mundo. Durante la segunda mitad del siglo XX se edificó en el país el mayor parque refinador del continente. Hoy la otrora potente industria petrolera venezolana está casi totalmente en cenizas, entre otras razones por ese absurdo subsidio que le impuso colosales pérdidas año tras año.

Para 1989 el subsidio de la gasolina se había convertido ya en una pesada carga para las finanzas públicas y para Petróleos de Venezuela, PDVSA. Un derroche innecesario de recursos y un incentivo económico perverso que beneficiaba directamente a los que poseían uno o más vehículos automotores (los de ingresos más altos) pero no así a los que no disponían de ninguno (los de ingresos más bajos). De paso, buena parte de esa gasolina se iba de contrabando hacia Colombia.

A fin de corregir esa anomalía el ministro de Planificación del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, Miguel Rodríguez, propuso en febrero de ese año una subida gradual del precio a fin de no afectar en demasía el bolsillo de los consumidores en una época dificultades económicas, pero hasta llevarlo a niveles internacionales y eliminar así el subsidio. El ajuste consistía en un 0,25 céntimos del bolívar de la época.

Bien haya sido por la resistencia al cambio o por los errores de ejecución política, aquel ajuste, que era parte del paquete de medidas de reestructuración de la economía venezolana, dio pie (o se usó como excusa) para la peor ola de disturbios y saqueos que el país había conocido en décadas.

Pese a ello, Carlos Andrés Pérez y Miguel Rodríguez prosiguieron con el plan. Pero también siguió la resistencia a aquellas políticas y al símbolo central: la subida gradual del precio de la gasolina.

Esa fue una de las medidas más impopulares, criticadas y combatidas de aquellos años. A tal extremo que una de las respuestas del presidente Pérez a la crisis política que generó el intento de golpe militar que encabezó Hugo Chávez en febrero de 1992 fue precisamente suspender el incremento.

No se volvería a tocar el tema hasta 1996 cuando con la tasa de inflación fuera de control (llegó por primera vez al 100% anual ese año), el entonces presidente Rafael Caldera dio otro giro a sus propias convicciones aceptando otro plan de ajuste económico (la Agenda Venezuela), que impulsó su ministro de Planificación de Teodoro Petkoff que incluía…la subida del precio de la gasolina.

Tanto Caldera como Petkoff habían criticado la política anterior, pero sin margen de maniobra no hicieron un ajuste gradual sino uno drástico llevando la gasolina a precios internacionales. En su favor hay que agregar que el presidente le dio la cara al país y casi pidió perdón ante las cámaras de televisión por tener que hacerlo.

Maduro se apresta a enterrar de manera definitiva una de las banderas políticas de Chávez / Foto: PDVSA

Hugo Chávez contra el aumento

Esa fue la última vez en casi 20 años que en Venezuela se ajustó el precio de los combustibles. Esa fue la medida económica más censurada por el candidato presidencial Hugo Chávez en su campaña electoral de 1998. Para él era la típica política neoliberal “hambreadora del pueblo”.

Sin embargo, fue consecuente con esa postura y mantener congelado el precio se hizo algo sagrado para el régimen chavista. Ello pese a que la galopante inflación que caracterizó a los años en que estuvo en el poder hizo ridículo el bajo costo de llenar el tanque de gasolina de un auto.

Se llegó a estimar en 100.000 barriles diarios los que se desviaban para alimentar el contrabando hacia Colombia y las islas del Caribe, y hasta en 20.000 millones de dólares al año el monto que PDVSA dejaba de ganar, y por tanto la Republica, con el subsidio: eso antes de que se comenzara a importar.

En algún momento el subsidio a la gasolina fue mayor a los presupuestos nacionales de salud o educación. Así como se lee.

Pese a los números que más de un ministro o presidente de PDVSA le presentaron, Chávez se negó a subir el precio a niveles razonables.

La factura de la gasolina

Nicolás Maduro, que tan implacable ha sido a la hora de perseguir a sus adversarios, a quien no le ha temblado el pulso a la hora de someter a los venezolanos a todo tipo de sufrimientos, no se ha atrevido a tocar el sagrado subsidio. Hasta el expresidente de Ecuador, Rafael Correa, se lo ha reclamado, en privado y en público. Correa ha fungido de asesor de Maduro.

A medida que la capacidad de producción de las refinerías venezolanas se desplomaba por la falta de inversión y el mal manejo técnico, no le importó en lo más mínimo que más de media Venezuela fuera sometida a un duro racionamiento de combustible. Porque hay que recordar que este no es un problema nuevo. Desde hace años Maracaibo, la segunda ciudad del país, está semiparalizada entre los cortes de energía eléctrica y la falta de gasolina.

Ninguna de las propuestas planteadas es excluyente de la otra. Son complementarias. Pero en ambas tiene que autorizar la subida del precio de la gasolina. Y con ello enterrar una de las últimas banderas políticas del chavismo. Y el entierro, como vemos, está ocurriendo de la peor manera posible.

A Maduro le ha tenido sin cuidado que PDVSA comenzara a pagar generosas facturas en dólares para importar la gasolina que dejaba de producir, mientras escaseaban las medicinas o el 60% población se sumergía en la pobreza extrema; es decir en el hambre.

Solo en 2016 autorizo un pequeño ajuste y más nunca tocó el tema.

A importar gasolina sin ningún tipo de control o rendición de cuentas fue a lo que se dedicó el general Manuel Quevedo mientras estuvo al frente de PDVSA, desde finales de 2017 a 2020.

Pero la incompetencia y la corrupción chavista de mantener a Caracas y sus alrededores con gasolina regalada se hacía cada vez más costoso. Eso a pesar de que el consumo nacional ha bajado de los 600.000 barriles diarios en 2013 a 120.000 a inicios de este año.

En su táctica de simular normalidad Maduro agotó las pocas divisas que le quedaban al país en diciembre de 2019 con la esperanza de que le llegaría asistencia financiera de Rusia, lo que hasta ahora no ha ocurrido. Por el contrario, afectada por las sanciones norteamericanas la petrolera rusa Rosneft dejó de asistir a PDVSA (con un alto costo por cierto) a llenar sus necesidades gasolina.

Todo lo anterior sumado nos ha traído a la situación actual en la cual Maduro ya no le queda mucho de dónde escoger.Para enfrentar el problema se le han puesto dos opciones sobre la mesa: Entregar la operación de alguna de las deterioradas refinerías de PDVSA a petroleras de países aliados como Rusia o Irán y autorizar la libre importación de gasolina.

Ninguna de las propuestas planteadas es excluyente de la otra. Son complementarias. Pero en ambas tiene que autorizar la subida del precio de la gasolina. Y con ello enterrar una de las últimas banderas políticas del chavismo. Y el entierro, como vemos, está ocurriendo de la peor manera posible.

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Pedro Benítez

Artículos de Pedro Benítez

Periodista, escritor, historiador y politólogo venezolano. Profesor de la Universidad Central de Venezuela.

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