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Sin confianza ni transparencia China no podrá reemplazar a Estados Unidos en el poder mundial

miércoles 15 de abril de 2020, 17:00h
Pedro Benítez (ALN).- ¿Qué países saldrán ganando (o perdiendo) de la crisis económica global provocada por la pandemia del coronavirus? ¿Qué modelo se impondrá? ¿El capitalismo liberal americano o el capitalismo con características chinas? ¿Estados Unidos o China? La respuesta a estas preguntas puede residir en una palabra mágica: confianza.
El gobierno chino ha actuado de manera opaca en la crisis del coronavirus / Foto: WC
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El gobierno chino ha actuado de manera opaca en la crisis del coronavirus / Foto: WC

¿Ha llegado el momento de que China desplace a Estados Unidos del máximo pedestal de las potencias mundiales? Con la crisis global provocada por la pandemia del coronavirus abundan los análisis y predicciones que dicen que así será. Se afirma que nada será igual para la humanidad y que uno de los cambios más trascendentales será la pérdida definitiva de la hegemonía económica mundial por parte de la superpotencia americana.

Muchas grandes trasnacionales de manufacturas van a trasladar parte de sus actividades de las provincias chinas a países cercanos donde pueden operar con más seguridad como Vietnam, Indonesia, Filipinas, Tailandia o incluso otro competidor que se viene abriendo paso: la India.

Incluso, no falta la teoría de la conspiración según la cual esta pandemia fue una acción deliberada por parte del gobierno chino para golpear a las potencias occidentales y responder a la guerra comercial planteada desde Washington. En esta suposición los chinos estarían aprovechando la crisis para comprar a bajos precios las grandes compañías europeas y estadounidenses, y mientras las economías de sus competidores aún están sumergidas en una recesión de la cual no se sabe cuándo saldrán, ya China prendió los motores de su industria y se apresta a tomar ventaja.

¿Pero es todo es cierto? Para intentar responder esta pregunta podemos volver la mirada hacia la última gran pandemia de gripe que se desató a finales de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Estudios recientes estiman que costó la vida de entre 50 y 100 millones de personas, varias veces el número de bajas ocurridas durante ese conflicto.

Fue justamente en esos años cuando se dio el último relevo entre potencias económicas del mundo. Estados Unidos desplazó al Reino Unido del primer puesto como potencia económica mundial (todavía habría que esperar a la Segunda Guerra para que ocupara el lugar como máxima potencia militar).

Una de las consecuencias de la Primera Guerra fue que Nueva York sustituyó a Londres como el centro financiero del mundo y el dólar estadounidense a la libra esterlina como la divisa más importante. Lo que sigue siendo así hasta hoy.

Según el economista e historiador Angus Maddison ya antes de 1914 el Producto Interno Bruto (PIB) de Estados Unidos era mayor que el del Reino Unido (cuna de la Revolución Industrial) y se estimaba que para 1924 rebasaría al de toda Europa. Lo que hizo la Gran Guerra fue precipitar lo que era inevitable.

Hasta entonces Estados Unidos era un país deudor de los europeos. Luego de esa guerra pasó a ser acreedor y su moneda, el dólar, impuso su hegemonía. Eso es lo que Paul Kennedy denominó como “el fin de la era de Vasco de Gama”, cuando los 400 años de dominio europeo sobre el resto del planeta que empezaron con los viajes de descubrimiento a fines del siglo XV cesaron y el eje económico mundial cruzó el Atlántico.

Pues ahora, 100 años después, con la crisis económica global provocada por otra pandemia, no falta quien afirme que llegó la hora de que China desplace a Estados Unidos como este hizo con los imperios europeos.

Después de todo el crecimiento del gigante asiático indica que su PIB superará en algún momento al de Estados Unidos; en algunas estimaciones eso ya ocurrió. En cualquier caso es una tendencia que sólo una gran y persistente catástrofe podría impedir.Muchos pueden cuestionar a Trump, pero confían en las instituciones de EEUU / Foto: Casa Blanca

Sin embargo, ese desplazamiento en el centro del poder económico global no ocurrirá hasta tanto el yuan chino sustituya al dólar como la principal divisa de reserva y referencia a nivel internacional, de la misma manera que el dólar reemplazó a la libra hace un siglo.

Hoy la moneda estadounidense es utilizada en casi el 90% de las transacciones en todo el mundo, en la cotización del precio del petróleo y es el 60% de las reservas globales de divisas.

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Desde que en 1971 el presidente Richard Nixon desvinculara al dólar del oro, la única variable que sostiene el valor de esa moneda es la confianza. Esa es la palabra mágica que puede responder muchas otras preguntas.

Algunas se las puede dar el amable lector a sí mismo: Si tuviera la oportunidad, ¿cambiaría sus dólares por yuanes? ¿Trasladaría sus ahorros depositados en un banco con sede en Estados Unidos a otro con sede en China y que funcione bajo las leyes de ese país? La respuesta es obvia.

Tampoco lo harían las grandes corporaciones del mundo ni los bancos centrales acumularían sus reservas de divisas en yuanes. La razón reside en la confianza. Esto es precisamente lo que ha quedado severamente averiado por el manejo que el gobierno chino le ha dado a la pandemia de coronavirus que se inició en la ciudad de Wuhan.

Que tarde o temprano el sistema político impuesto por el Partido Comunista chino (PCCh) atentaría contra el propio éxito de su economía es algo que los economistas Daron Acemoglu y James Robinson habrían predicho en su libro de 2012, Por qué fracasan los países.

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El gobierno chino ha actuado de manera opaca e imponiendo todo tipo de censura en las causas y desarrollo de la pandemia porque esa es su naturaleza. No podía ser de otra manera.

El resto del mundo puede cuestionar las actitudes atrabiliarias del presidente Donald Trump, pero confía más en las instituciones de Estados Unidos. El mismo juicio es aplicable a las demás democracias avanzadas de Europa y de Asia (Japón, Corea del Sur y Taiwán). China no inspira la misma confianza. Ya sabemos que el dinero es cobarde y por lo tanto a dónde se va a dirigir.

Eso por no mencionar que la censura a la libre información, la ausencia de crítica y debate que caracterizan a la dictadura china conspiran contra la innovación tecnológica dentro de ese país.

Por otra parte, a China todavía le falta un buen trecho para alcanzar al resto de las grandes potencias económicas. Con un PIB por habitante de 10.700 dólares (según datos del Banco Mundial de este año) está muy lejos de los 67.000 dólares de Estados Unidos, los 43.000 de Japón, Francia y Reino Unido, de los 49.000 de Alemania y los 34.000 de España y Corea del Sur.

Algo más, esta crisis va a acelerar una tendencia que ya se había iniciado: muchas grandes trasnacionales de manufacturas van a trasladar parte de sus actividades de las provincias chinas a países cercanos donde pueden operar con más seguridad como Vietnam, Indonesia, Filipinas, Tailandia o incluso otro competidor que se viene abriendo paso: la India.

Por supuesto, el gobierno chino, sus aliados y afines están intentando tapar lo anterior con centenares de cadenas de WhatsApp, miles de bots en Twitter y decenas de artículos de opinión, pero aún es temprano para pronosticar a quién realmente ha hecho tropezar el coronavirus.

Pedro Benítez

Artículos de Pedro Benítez

Historiador y escritor

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