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¿Tiene los días contados la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo?

jueves 17 de mayo de 2018, 18:00h
Leticia Núñez (ALN).- Nicaragua amaneció este jueves con un panorama político distinto. Daniel Ortega y Rosario Murillo se encontraron con una auténtica sorpresa en la primera jornada de diálogo. Por primera vez en sus 11 años de mandato, hubo quien les plantó cara. Fueron los estudiantes, respaldados por la Iglesia. También por los empresarios. Se rompió el idilio. La pareja presidencial se removía en sus asientos. Sabían que el país entero los veía por televisión. Nunca antes nadie les había cuestionado de forma tan contundente. Les dejaron sin voz.
Los estudiantes acusaron a Ortega de haber “desbaratado” Nicaragua en un mes / Foto: EFE
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Los estudiantes acusaron a Ortega de haber “desbaratado” Nicaragua en un mes / Foto: EFE

Nicaragua despertó este jueves con la sensación de haber vivido un momento histórico. No dimitió Daniel Ortega. Ni tampoco ordenó el fin de la represión contra las protestas del último mes. Pero el inicio del diálogo nacional obligó al presidente y la vicepresidenta, Rosario Murillo, a enfrentarse por primera vez a un auditorio que no estaba controlado por el aparato estatal de propaganda. Los reclamos no pudieron ser más duros. Ni tampoco más claros: los estudiantes exigieron al Gobierno que cese la represión y que renuncie, que deje el poder. Nadie antes había cuestionado al régimen orteguista de tal manera, en directo y en su propia cara.

“Hemos decidido estar en esta mesa para exigirle ahorita mismo que ordene el cese inmediato de los ataques que están sucediendo en el país”, le espetó de primeras a Ortega el líder estudiantil Lesther Alemán. “Esta no es una mesa de diálogo, es una mesa para negociar su salida y lo sabe muy bien”, agregó antes incluso de que el presidente de Nicaragua pudiera decir una sola palabra.

Después justificó su atrevimiento. “¿Por qué estoy hablando y por qué me salto la palabra suya? Porque nosotros hemos puesto los muertos, nosotros hemos puesto los desaparecidos, los que están secuestrados”, señaló Alemán. Latigazo tras latigazo, encaró al régimen. Con una bandera de Nicaragua atada al cuello, el joven cuestionó a Ortega y Murillo: “¿Pueden dormir tranquilos? Nosotros no. Estamos siendo perseguidos, somos estudiantes”.

La pareja presidencial se removía en sus asientos. Sabían que los veía el país entero por televisión. Que estaban siendo escrutados por la prensa nacional y extranjera. Sin censura. El cuestionamiento no quedó ahí. Uno a uno, la estudiante Madalaine Caracas leyó frente a Ortega la lista de universitarios asesinados en la represión que él mismo ordenó y que ha dejado 58 muertos según los últimos datos del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh). “¡Presente!”, gritaba el resto de los compañeros al escuchar el nombre de cada muerto. Ortega ni se inmutó. Murillo tampoco.

Quien sí lo ha hecho es el Cenidh. Asegura que los jóvenes “hoy escribieron una nueva página en la historia de Nicaragua” y, en un comunicado, les agradeció la valentía “por defender los derechos del pueblo y demandar justicia”.

También el analista Arturo Wallace considera que lo ocurrido en la primera jornada de diálogo fue histórico y “hoy Nicaragua es un país diferente al de antes de las protestas”. Según declara a la BBC, “Ortega había gobernado sin que existiera una verdadera oposición y nadie lo había cuestionado de una forma tan directa y valiente como hicieron los estudiantes”.

Alemán también acusó a Ortega de haber “desbaratado” Nicaragua en apenas un mes, algo que, a su juicio, le tomó muchos años al dictador Anastasio Somoza, a quien precisamente Daniel Ortega ayudó a derrocar. “Nosotros conocemos la historia. Pero usted en menos de un mes ha hecho cosas que nunca nos imaginamos y muchos han sido defraudados por eso”.

La Iglesia no fue menos en sus reivindicaciones. El secretario general de la Conferencia Episcopal, Abelardo Mata, también exigió a Ortega que ordene el cese de la represión y “retire la policía a sus cuarteles”. Dijo que “ha comenzado una revolución no armada” y advirtió al presidente que si quiere desmontar esa revolución, “no va a ser a fuerza de balas de goma y balas de plomo, ni con fuerzas paramilitares. No es una petición, es una exigencia que se escuche al pueblo”.

Después, Silvio José Báez, obispo auxiliar de Managua, manifestó en Twitter que Ortega “desperdició una oportunidad única para reivindicarse ante Nicaragua. Debió haber ordenado el cese de la represión y la supresión de los grupos paramilitares”.

Pérdida de apoyos

Aunque los empresarios no pudieron hacer ninguna exposición en la primera reunión del diálogo, las sensaciones son similares. Se ha roto el idilio que mantenían con el régimen desde que Ortega volvió a la Presidencia en 2007. El sector privado habló de dos mundos: el de los estudiantes y la represión y el del presidente “que no corresponde con la realidad”, como denunció Juan Sebastián Chamorro, citado por BBC.

“El país real lo simbolizan los estudiantes. Son los que encabezan el malestar generalizado que había en muchos ámbitos de la población. Son un símbolo de ese cansancio y también de la pérdida de apoyo del Gobierno”, asegura al diario ALnavío Rogelio Núñez, investigador del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la madrileña Universidad de Alcalá de Henares.

Por eso, hartos de la hegemonía orteguista, los universitarios exigieron el fin de “los asesinatos por parte de las fuerzas paramilitares, de sus tropas, de las turbas adeptas al Gobierno. No podemos dialogar con un asesino, porque lo que se ha cometido en este país es un genocidio y así será calificado”, aseguró Alemán, mientras el resto de los compañeros coreaban “no eran delincuentes, eran estudiantes” en referencia a los muertos en las protestas.

“¿Pueden dormir tranquilos? Nosotros no. Estamos siendo perseguidos, somos estudiantes”

Las fisuras son notorias. Al debilitamiento de Ortega se sumó el rechazo de los militares a participar en la represión. La Comandancia General emitió un comunicado el fin de semana en el que se solidarizó “con las familias que han perdido a seres queridos y los que de una forma u otra han sido afectados por todos los hechos de violencia”. El portavoz de la institución militar, el coronel Manuel Guevara, fue todavía más explícito en declaraciones a la agencia France Press al negar que el Ejército haya participado en la respuesta gubernamental a las manifestaciones: “No tenemos ninguna razón para reprimirlas”.

La última encuesta de CID Gallup también refleja la pérdida de apoyos al régimen. 69% de los encuestados pide que renuncien Ortega y Murillo. Pero no sólo eso. 30% de los entrevistados que se declaran sandinistas están a favor de la salida del poder del matrimonio, lo que refleja que la pareja ha perdido la confianza y el respaldo de gran parte de la base electoral.

Pero, ¿qué dijo Ortega?

El presidente intentó imponer en la apertura del diálogo temas económicos, incluyendo la polémica reforma a la Seguridad Social que desencadenó las protestas el pasado 18 de abril. Pero los obispos impidieron que tomara la palabra Bayardo Arce, el asesor económico del Gobierno encargado de hablar de la agenda del Ejecutivo.

Tras el aluvión de reclamos, Ortega dijo que “claro que nos duelen las muertes” de los ciudadanos, pero defendió a la Policía expresando que ellos han sido atacados “no con morteros, sino con armas de fuego”. En su opinión, la Policía “ha sido víctima de una campaña”. Incluso llamó “bandas paramilitares” a los estudiantes atrincherados en la Universidad Politécnica de Nicaragua.

El presidente también reclamó que hay sectores de manifestantes que “atemorizan” a la población con asaltos, saqueos de comercios y bloqueos de carreteras. Según Ortega, “un joven con conciencia no aterroriza familias”. Finalmente, retó a los jóvenes a que le pasen la lista de desaparecidos y presos políticos. “Que no se utilice la mentira. Vamos a demostrar que no hay un solo desaparecido y que no hay un solo preso, todos fueron liberados en su momento”, zanjó. Murillo apenas abrió la boca.

Antes de finalizar la primera jornada de diálogo, el universitario Víctor Cuadras leyó un poema de la propia Murillo, ‘Canción de Navidad’, sobre una madre que perdió a uno de sus hijos. Los estudiantes no quieren “más hijos derramados en las noches”. Quieren paz y justicia.

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