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Daniel Ortega se disfraza de predicador para competir con la Iglesia en Nicaragua

jueves 03 de mayo de 2018, 16:00h
Leticia Núñez (ALN).- Primero fue la represión. Después un rezo por la paz. En un intento de ganarse el favor de los sectores más religiosos de Nicaragua, Daniel Ortega ha pasado a actuar como un pastor evangélico. Pide “fuerza al Señor”. Contraataca a la Iglesia Católica, que se ha convertido en uno de sus adversarios más duros tras las protestas que han dejado 42 muertos.
Daniel Ortega no se refirió en ningún momento a la represión policial / Foto: EFE
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Daniel Ortega no se refirió en ningún momento a la represión policial / Foto: EFE

Camisa blanca. La mano alzada. Y los ojos cerrados. Así invocó Daniel Ortega “la fuerza de Dios”. El presidente de Nicaragua se puso el lunes el traje de predicador. Lo hizo ante sus seguidores. “Danos, Señor, la fuerza para ser instrumento de paz y para que cuando haya odio, sembremos amor”, dijo el mandatario en un intento de atraer a los sectores más religiosos del país. También de retar la fuerza que la Iglesia Católica había demostrado unos días antes con una marcha multitudinaria en la que exigieron la renuncia de Ortega y pidieron justicia para los 42 fallecidos en las protestas.

Convertido en una suerte de pastor evangélico, Ortega ofreció en Managua un discurso religioso de principio a fin. Tiene enfrente a la Conferencia Episcopal de Nicaragua, cuyos obispos se han mantenido firmes a la hora de denunciar la represión gubernamental. Silvio Báez, obispo auxiliar de la diócesis de Managua, manifestó públicamente su apoyo a los estudiantes, a la cabeza de las protestas.

“Su protesta es justa, y la Iglesia los apoya. Y no sólo los apoya, sino que los instamos, los animamos a que no cesen en su protesta justa”, afirmó monseñor Báez en un acto celebrado en la Catedral Metropolitana. Además, les hizo un llamamiento: “No se dejen intimidar ni provocar por actos violentos” (Ver más: La Iglesia Católica es el más duro adversario de la dictadura de Daniel Ortega).

De ahí el contraataque de Ortega. Pidió un minuto de silencio por los fallecidos. Imploró a los allí presentes que levantaran las manos y repitieran: “No a la muerte, no a la destrucción, no a la violencia, no a las barbaries. Sí al diálogo, sí a la vida, sí al trabajo, sí a la paz”. Sin embargo, no se refirió en ningún momento a la represión policial contra los manifestantes que exigen el fin de su mandato.

“Para que pueda encontrarse a los culpables, no para lanzarnos llenos de odio contra ellos”

Al lado, su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo. También con los ojos cerrados, y con la cabeza baja, como recoge el periódico La Prensa. Una actitud que contrasta con lo expresado hace dos semanas, cuando en la televisión pública tildó a los manifestantes contra el régimen de “seres mezquinos, seres mediocres, pequeños, llenos de odio, que todavía tienen la desfachatez de inventarse muertos. Así son esos minúsculos grupos alentadores de odio”.

De quienes “incitan el odio” también habló Ortega el lunes. En su opinión, “los mismos que incitaron a la guerra antes [en el conflicto armado de los años 80], ahora incitan nuevamente a la violencia, y en medio las víctimas de la violencia, los fallecidos por estos actos violentos que todos hemos visto, y que todos hemos repudiado, condenado, y que nuevamente han provocado una profunda herida en el corazón de la patria, los sembradores de odio, y la patria está de duelo”.

Su compromiso, según dijo, es que “la violencia no vuelva a instalarse en la patria”. Nuevamente omitió la represión de la Policía Nacional. “Se trata de la defensa de la paz, ni un paso atrás. Que los campesinos puedan seguir trabajando la tierra, como lo han hecho a lo largo de estos años en paz, en estabilidad, con seguridad para garantizar los alimentos de todos los nicaragüenses”, continuó Ortega.

Monseñor Báez: “Animamos a los estudiantes a que no cesen en su protesta justa” / Foto: EFE

Sin salirse del traje de predicador, el mandatario prometió investigar los actos de violencia y garantizar justicia a las víctimas. “Para que pueda encontrarse a los culpables, no para lanzarnos llenos de odio contra ellos, no para lanzarnos con el cuchillo en la mano contra ellos, sino para que entiendan de una vez por todas que ya Nicaragua entera escogió el camino de la paz”, declaró. La paz tras la represión.

Acto seguido, volvió a pedir fuerza “al Señor para ser instrumento de paz y que donde haya odio, sembremos amor”.

Llegó el presidente “ausente”

El discurso del lunes de Ortega marca también la vuelta del presidente “ausente”, como le define la prensa nicaragüense. Suele protagonizar largas ausencias. Hasta tal punto que en más de una ocasión se ha especulado con su muerte. Por ejemplo, en marzo de 2014. Llevaba 10 días sin dejarse ver en público y el silencio del Gobierno nicaragüense alimentó los rumores. A ello se sumó el hecho de que el Ejecutivo sandinista suspendió de forma repentina la vista del entonces presidente de Ecuador, Rafael Correa, por “factores internos” del país centroamericano.

Monseñor Báez a los estudiantes: “Los animamos a que no cesen en su protesta justa”

Ahora, desde que estallaron las protestas el pasado 18 de abril, Ortega ha realizado cuatro apariciones públicas. Algo “inusual”, según La Prensa, que contabiliza en 35 los actos protagonizados por el presidente en el último año. De ahí el análisis del periodista nicaragüense Julián Navarrete en el citado periódico: “Hizo falta ver un baño de sangre. Más de 30 jóvenes muertos. Motorizados, con pasamontañas, golpeando ancianos. Periodistas asaltados. Jóvenes ahogados en sangre después de un tiro en el cuello. Hizo falta ver las calles envueltas en gases lacrimógenos y las tiendas saqueadas para que Ortega se acomodara detrás de una cámara y brindara un mensaje a todo el país”.

El llamado a la paz de Ortega no parece creíble para los estudiantes, que han convocado una nueva marcha nacional para el próximo miércoles. La manifestación tendrá como punto de partida los alrededores de la Catedral de Managua, un símbolo más de la firmeza que la Iglesia está mostrando contra el régimen.

El presidente del Movimiento por Nicaragua, Gabriel Álvarez, dijo que el país necesita con urgencia una “paz verdadera” con respeto a los derechos humanos e independencia de poderes del Estado. “Nosotros queremos darle una oportunidad a la paz, no queremos una paz vacía ni de contenido hipócrita que el señor Ortega y la señora Murillo pregonan”, zanjó, tal como recoge la agencia EFE.

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