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GALERIA DEL PODER | Los 82 años de Mario Vargas Llosa no pueden comprimirse en 10 dibujos pícaros

miércoles 28 de marzo de 2018, 11:00h
Mariana Zapata y Antonio José Chinchetru (ALN).- Mario Vargas Llosa ha cumplido este miércoles 82 años. La mayor parte de su vida ha estado dedicada a la literatura, pero también ha estado caracterizada por la pasión política. Su trayectoria intelectual le ha llevado desde el comunismo más férreo hasta el liberalismo de firmes convicciones democráticas.
La etapa vivida en Reino Unido condujo a Vargas Llosa hacia el liberalismo / ALN: Mariana Zapata
La etapa vivida en Reino Unido condujo a Vargas Llosa hacia el liberalismo / ALN: Mariana Zapata

Cuando han pasado casi seis décadas desde que publicara su primer libro, el volumen de cuentos Los jefes, Mario Vargas Llosa ha cumplido este miércoles 82 años de edad, semanas después del lanzamiento de su biografía política e intelectual: La llamada de la tribu. Su trayectoria vital es la de un nómada. Además de su Perú natal, como adulto ha vivido en Cuba, España (tanto en Madrid como en Barcelona), Reino Unido y Francia. Los dos países insulares marcaron otro viaje, el ideológico e intelectual desde la izquierda al liberalismo. En la actualidad no es sólo uno de los mayores intelectuales vivos en lengua española, sino también uno de los referentes mundiales de las ideas liberales.

Más allá del pensamiento político, Mario Vargas Llosa es ante todo un escritor

Pero más allá del pensamiento político, un campo de batalla en el que nunca ha dejado de luchar en forma pacífica, Vargas Llosa es ante todo un escritor. Es uno de los máximos exponentes del boom latinoamericano y su carrera está llena de reconocimientos. Entre todos ellos destaca el Nobel de Literatura, que le fue concedido en 2010, un año en el que no entraba en las quinielas. Pero otros reconocimientos jalonan su carrera. El primero fue el Premio Leopoldo Alas (1958), por Los jefes. Destacan el Premio Rómulo Gallegos en 1966, por La Casa Verde; el Premio Planeta, por Lituma en los Andes, en 1993, y el Premio Cervantes, en 1994. En este último le precedió un gigante de las letras españolas como Miguel Delibes y le sucedió otro Nobel de Literatura: Camilo José Cela.

Aunque su faceta más conocida es la de novelista, no ha tenido miedo a enfrentarse a ningún género escrito. Ha publicado cuentos infantiles y para adultos, poesía, obras de teatro, ensayos y trabajos periodísticos. La primera producción literaria con la que ganó dinero, según él mismo ha contado en numerosas ocasiones, fueron las pequeñas novelas eróticas que escribía para sus compañeros del colegio militar Leoncio Prado de Lima en la juventud.

La llamada de la política

La llamada de la política fue temprana para él, sintiéndose pronto atraído por las ideas más radicales de la izquierda. Ingresó, según confesión propia, en la Universidad de San Marcos por ser un centro donde había muchos comunistas. Pronto se integró en un grupúsculo de absoluta lealtad estalinista. Más tarde se desencantó del sectarismo de corte soviético, pero no dejó todavía la izquierda. Como muchos otros escritores e intelectuales vivió con esperanza la llegada al poder de Fidel Castro en Cuba en 1959. Quiso ver en los barbudos caribeños a los promotores de un socialismo abierto, donde se permitiera la disidencia.

Visitó la isla antillana por primera vez en 1962, como periodista para cubrir la Crisis de los Misiles. Tras una primera etapa de enamoramiento, comenzaron a surgir las dudas. Las primeras fueron provocadas por las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP). La UMAP era la versión caribeña del Gulag soviético, un archipiélago en terminología de Aleksander Solzhenitsyn, de campos de concentración en los que el régimen comunista encerraba y sometía a trabajos forzados y torturas a los considerados “elementos antisociales”. Estos incluían a homosexuales, disidentes políticos o incluso a los aficionados a la música procedentes de EEUU y Reino Unido.

Según confesiones del escribidor, Fidel Castro le impresionó pero no le convenció

Escribió una carta privada a Fidel Castro para mostrarle su malestar con la UMAP, tras lo que el dictador le invitó a participar en un encuentro que iba a celebrar con escritores latinoamericanos. La reunión se prolongó 12 horas, de las 8 de la tarde a las 8 de la mañana. Fue media jornada en la que prácticamente tan sólo habló el autócrata caribeño. Según confesiones del escribidor, el cubano le impresionó pero no le convenció. La ruptura definitiva estaría, sin embargo, aún por llegar.

Esta se produjo a raíz del encarcelamiento y la purga del poeta cubano Heberto Padilla. Padilla, que había sido compañero leal de Castro e incluso llegó a viceministro, osó realizar críticas al presidente cubano. Esto le valió ser detenido en 1971 y sometido a un proceso que culminó con un espectáculo típicamente estalinista. El escritor se llegó a autoinculpar en público como contrarrevolucionario, el peor delito posible en la Cuba comunista. Esos hechos alejaron del castrismo a algunos de los más destacados intelectuales, que firmaron un manifiesto público de protesta. Uno de ellos fue Vargas Llosa, también lo hicieron otros como Octavio Paz y Carlos Fuentes.

La ruptura con Gabo

Eso llevó a la fractura del grupo de literatos que protagonizaron el boom latinoamericano, que se dividió en dos grupos fuertemente enfrentados. De un lado estaban los leales a Castro, con Gabriel García Márquez como una de las grandes figuras destacadas, y por el otro los desencantados con el castrismo. La ruptura personal entre Gabo y Vargas Llosa, que eran amigos íntimos, tardaría en llegar y nada tuvo que ver con la política. Tuvo lugar en 1976, por un conflicto personal que quedó retratado gráficamente con la imagen del rostro del colombiano tras haber sido golpeado por el puño del peruano.

Castro no dejaba hablar a otros; Thatcher, por el contrario, no paraba de preguntar y escuchar a quienes le llevaban la contraria

Vargas Llosa estaba entonces a pocos años de descubrir las ideas liberales de la mano de autores como F.A. Hayek, José Ortega y Gasset, Raymond Aron, Karl Popper y otros. Lo haría en el Reino Unido, donde vivió durante parte del gobierno de Margaret Thatcher. Si una reunión mantenida por un gobernante, Castro, con intelectuales aceleró su alejamiento de la izquierda, otra le acercó más a un liberalismo que ya le estaba atrayendo. Participó en una cena que mantuvo la Dama de Hierro con historiadores, novelistas, ensayistas y autores teatrales y se sintió profundamente impresionado. Castro no dejaba hablar a otros; Thatcher, por el contrario, no paraba de preguntar y escuchar a quienes le llevaban la contraria.

Desde entonces, se ha mantenido fiel a las ideas liberales. Se ha convertido, además, en un azote de los nacionalistas, hasta el punto de encabezar una multitudinaria manifestación contra el separatismo catalán en Barcelona. Su activismo también le llevó a presentarse a unas elecciones presidenciales en Perú en 1990. Le derrotó Alberto Fujimori. Después llegaría la dictadura fujimorista, y Vargas Llosa seguiría escribiendo y ofreciendo conferencias por todo el mundo.
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