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Nicolás Maduro no encuentra cómo detener la inflación en Venezuela

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Nicolás Maduro
Nicolás Maduro insiste en atacar las consecuencias del problema económico y no las causas / Flickr: H. Chávez

Pedro Benítez (ALN).- La más reciente medida antiinflacionaria del gobierno de Nicolás Maduro ha consistido en ordenar a varias grandes cadenas expendedoras de alimentos en Caracas que vendan a los precios del pasado 15 de diciembre. La consecuencia ha sido provocar más caos en medio del caos. Maduro y sus asesores se aferran a la concepción de “economía moral” del socialismo clásico. Sólo ofrecen mayores dosis de la misma medicina.

Ante las consecuencias devastadoras del socialismo, más socialismo. Esa es la consigna que resume la actitud del gobierno de Nicolás Maduro ante la aceleración de la debacle económica venezolana.

Si las nacionalizaciones y expropiaciones de fincas en producción y de empresas agroindustriales, junto con una política monetaria desde todo punto de vista imprudente (iniciadas por el predecesor del actual mandatario) no sólo provocaron inflación y escasez de bienes, en particular de alimentos, la respuesta en el gabinete de ministros y de los asesores económicos presidenciales fue de más controles, más leyes que reforzaran esos controles, más amenazas al sector privado de la economía y más fiscalizaciones.

Cuando nada de lo anterior resultó, sino que por el contrario la inflación en Venezuela en 2017 se montó en dos dígitos mensuales, y según consultores privados (a falta de datos oficiales) en diciembre pasado superó el 80%, la respuesta de los funcionarios civiles y militares ha consistido en la realización de saqueos organizados contra los presuntos especuladores. (Leer más: Así el chavismo pulverizó en una década el poder de la moneda en Venezuela).

Por lo visto nada de lo ocurrido en el siglo XX enseñó algo al gobierno de Nicolás Maduro y a sus asesores

En los primeros días de este año la Superintendencia Nacional para la Defensa de los Derechos Socioeconómicos de Venezuela (Sundde), oficina que fiscaliza “los precios justos” en el país, ordenó a varias grandes cadenas expendedoras de alimentos de Caracas colocar los precios del 15 de diciembre pasado. Una manera por la cual, por cierto, el propio Gobierno admite la velocidad con la que crecen los precios. El resultado fueron enormes colas para adquirir esos productos, tumultos y conatos de tumultos, dentro o en los accesos a esos locales.

Acción espectacular y de efectos muy limitados que no resuelve ningún problema, sino que por el contrario los agravará al afectar la capacidad de reposición de los comerciantes.

Esta es una práctica que ya tiene precedentes en Venezuela, cuando el mismo Maduro ordenó a finales de 2013 a una cadena de electrodomésticos rebajar toda su mercancía. Aquello fue una algarabía populista contra la propiedad, indignante para el observador y que presagió el hundimiento de la economía nacional en los siguientes meses.

En esa época la práctica consistía en repartir artículos de línea blanca. Ahora se repite, pero contra alimentos.

En Venezuela, las voces más pesimistas temieron que cuando se agotara el reparto populista de la renta petrolera el Estado chavista repartiría los restos del capital privado. Los amagos de esta posibilidad se han dado.

La esquizofrenia económica que domina entre los funcionarios del gobierno de Maduro los ha llevado a seguir insistiendo en atacar las consecuencias del problema y no las causas, responsabilizando a los comerciantes como los enemigos internos y al capitalismo financiero internacional por la “guerra económica”.
La situación de Venezuela recuerda el edicto promulgado por el emperador Diocleciano / Flickr: Julio Martinich

El control de divisas impuesto desde 2003 no ha impedido la mayor fuga de capitales ocurrida en ningún país de la región, ni los diferentes y cada vez más complejos mecanismos ideados para refinarlo han eliminado el dólar paralelo, ni su cada vez más pronunciada subida; y mucho menos que sea el principal marcador de referencia de todos los precios dentro del país.

Tampoco las sucesivas agencias fiscalizadoras ni las leyes creadas han acabado con la especulación, el acaparamiento de mercancías y el crecimiento de los precios. Antes del Sundde (creado en enero de 2014) existió el Indepabis con idénticas funciones para practicar inspecciones a empresas de producción, importación, distribución, comercialización, almacenamiento, acopio, recintos aduanales o depósitos de bienes y con potestad de fijar precios.

Previamente se había promulgado la Ley de Precios y Ganancias Justas, en octubre de 2011, a la que se la han hecho tres reformas. Se ofreció entonces como la solución definitiva al atacar el supuesto origen del problema: el apetito desmedido de ganancias por parte de los empresarios.

Todo esto recuerda el edicto promulgado por el emperador Diocleciano en el año 303 de nuestra era, concebido para detener la inflación en la Antigua Roma. Ni siquiera la amenaza de cortarle la mano a los especuladores dio resultado. Las colas para adquirir el pan continuaron.

¿En qué punto el caos económico provocará el punto de quiebre político?

En la Revolución Francesa, la Convención instituyó en 1793 la “Ley del máximum general”, que fijó los precios, salarios y beneficios con idénticas consecuencias. Estos y otros hechos de la historia han demostrado una y otra vez que este tipo de controles sobre la economía siempre han sido un remedio peor que la enfermedad.

Sin embargo, esta determinación por aferrarse a procedimientos que desafían la ciencia económica está muy arraigada entre los asesores a los que Maduro presta atención, que siguen creyendo a pies juntillas en la concepción de “economía moral” que el socialismo clásico heredó del pensamiento medieval, definido a partir de valores morales y culturales y no por incentivos materiales. Por lo visto nada de lo ocurrido en el siglo XX les enseñó algo. (Leer más: Cómo sobrevivió Nicolás Maduro al 2017).

Mientras tanto, en la emblemática Parroquia 23 de Enero de Caracas, colectivos simpatizantes del chavismo han emitido desde el pasado 11 de diciembre su propia unidad monetaria, El Panal, respaldada por su propio banco “BANPANAL”. La conciben como su propia respuesta a la guerra económica, aun cuando en la práctica es parte del proceso mediante el cual la población empieza a repudiar el signo monetario de circulación nacional.

En medio de un costo humano terrible la pregunta obligada es: ¿En qué punto el caos económico provocará el punto de quiebre político o de las políticas en Venezuela?

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