Pedro Benítez (ALN).- En octubre de 1973, la División de Derechos Civiles del Departamento de Justicia de los Estados Unidos presentó una demanda contra la Organización Trump (dirigida por Fred Trump y Donald Trump) por presuntamente infringir la Ley de Vivienda Justa en 39 de sus edificios.
La demanda tuvo su origen en reclamos presentados ante la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de Nueva York y la Liga Urbana, en 1972, por parte de personas que alegaban haber sido discriminadas por motivos raciales en el alquiler de apartamentos propiedad de los Trump ubicados en Brooklyn, Queens y Staten Island.
Ante el tribunal correspondiente, el Departamento de Justicia aseguró haber enviado personas negras a más de media docena de edificios donde se les negaron apartamentos, mientras que a una persona blanca se le ofreció un apartamento en el mismo lugar.
El FBI se involucró en la investigación y llegó a establecer que los Trump tenían como práctica no alquilar a personas que recibían asistencia social por parte del gobierno.
Un Trump hijo de inmigrantes
Hijo de inmigrantes alemanes, Fred Trump se había convertido en un importante desarrollador inmobiliario en el área metropolitana de Nueva York, construyendo viviendas para alquilar a los trabajadores y veteranos que regresaban de la Guerra Mundial.
Aquella no fue la primera vez que se cuestionaban sus prácticas comerciales, puesto que en la década de los cincuenta había sido objeto de otra investigación por especular con contratos gubernamentales, aunque nunca se le presentaron cargos judiciales.
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En su larga carrera como constructor de viviendas, Trump padre se había acostumbrado a lidiar con las regulaciones oficiales y a llegar a acuerdos fuera de los tribunales. Sin embargo, en esta ocasión sería diferente.
Su ambicioso hijo lo persuadió de consultar a Roy Cohn, un conocido y controversial abogado neoyorquino. Ante las repercusiones públicas del caso los consejos de Cohn fueron desconcertantes: “Mándalos al infierno. Contrademanda, niega todo, no admitas nada. El caso se gana en los medios, no en los tribunales. No importa que ocurra, declara siempre la victoria”.
Por sugerencia suya el joven Trump hizo su primera rueda de prensa y audazmente contra demandó al Departamento de Justicia por 100 millones de dólares en daños y perjuicios. Según sus biógrafos este fue un momento clave en la vida del que sería estrella de la televisión y dos veces presidente.
Trump niega cargos
Un juez federal desestimó la contrademanda al considerarla una pérdida de tiempo y de papeleo. Los Trump llegaron a un acuerdo extrajudicial en 1975 sin admitir culpabilidad. Donald afirmó públicamente que el acuerdo no los obligaba a aceptar como inquilinos a personas que recibían asistencia social, a menos que cumplieran los mismos requisitos que cualquier otro inquilino, pero en privado se comprometió a enviar una lista quincenal de vacantes a un grupo de derechos civiles, y darles prioridad para ciertas ubicaciones. En 1978, la Organización Trump volvió a comparecer ante el tribunal por violar los términos del acuerdo; Trump negó los cargos.
Por un tiempo Cohn fue su consejero personal, lo conectó con las mafias que controlaban los sindicatos de la construcción de la ciudad y con gente muy influyente, como el magnate de medios, y posteriormente propietario de Fox News, Rupert Murdoch. Pero, sobre todo, le enseñó a no ceder, no cooperar y ganar los casos en los medios de comunicación. Una de sus máximas era: “Cualquier publicidad es buena publicidad. Lo peor a que hablen mal de ti, es que no se hablen”.
La relación fue de tal confianza que asesoró a Trump en el acuerdo prenupcial con su primera esposa Ivana Zelníčková.
Hijo único de una próspera familia judía del Bronx, Roy Cohn fue, al parecer, un brillante estudiante de leyes en la Universidad de Columbia de la que egresó en 1946. En 1948, a los 21 años, se convirtió en fiscal adjunto de los Estados Unidos; tres años después saltaría a la fama nacional en el juicio por espionaje del matrimonio Julius y Ethel Rosenberg en favor de la Unión Soviética en el robo de documentos clasificados del Proyecto Manhattan.
Histeria anticomunista
Cohn se empeñó y consiguió que fueran condenados a muerte en uno de los procesos judiciales más controversiales de la historia del país. Su labor fue crucial en el juicio pues persuadió al hermano de Ethel, David Greenglass, de llegar a un acuerdo con la Fiscalía a cambio de incriminar a la pareja. También provenientes de una familia de inmigrantes judíos, los Rosenberg fueron los primeros civiles estadounidenses en ser ejecutados en tiempos de paz en 1953, a pesar de una campaña internacional demandando el indulto.
Este proceso atrajo la atención del director del FBI, J. Edgar Hoover, quién persuadió al senador Joseph McCarthy para que contratara a Cohn como su asesor principal en el Subcomité Permanente de Investigaciones del Senado, que se hizo tristemente célebre por la cacería que emprendió contra presuntos comunistas infiltrados en el Departamento de Estado, las universidades, la industria cinematográfica y hasta en el Ejército.
McCarthy se aprovechó, y contribuyó, a la histeria anticomunista que se desató por esos años en Estados Unidos obteniendo por breve tiempo una enorme popularidad e influencia.
Cohn llevó a cabo numerosas investigaciones para el subcomité y tuvo un papel importante en las audiencias anticomunistas de McCarthy. Los dos llegaron al extremo de afirmar que los servicios de inteligencia soviéticos chantajeaban a varios empleados del Gobierno Federal para que cometieran espionaje a cambio de no exponer su homosexualidad oculta.
Falsedad
Con el apoyo de Hoover, decenas de homosexuales o señalados por ellos de serlos, fueron despedidos del Gobierno, mientras silenciaron a muchos oponentes mediante rumores similares. La presión fue tal que durante los últimos meses de la administración Truman, el Departamento de Estado despidió a 425 empleados por dichas acusaciones, aunque el Secretario de Estado Dean Acheson defendió a sus empleados y las calificó de payasadas y asunto sucio.
Fue tal el poder y la capacidad de chantaje de McCarthy que en abril de 1953 el presidente Dwight Eisenhower firmó una orden ejecutiva que prohibió a los homosexuales, a quienes consideraba un riesgo para la seguridad nacional, ser empleados del Gobierno. Varios funcionarios federales expuestos como homosexuales por Cohn y McCarthy se suicidaron.
El punto de inflexión ocurrió entre abril y junio de 1954, durante las audiencias públicas del subcomité en contra del Ejército transmitidas a nivel nacional por las cadenas de televisión. Se estima que aproximadamente 80 millones de personas vieron al menos una parte de las mismas. Ante el país quedó evidenciando la falsedad de las acusaciones de McCarthy, así como su estilo sucio y mentiroso.
El apoyo y la popularidad del senador se desvanecieron. El 2 de diciembre de 1954, el Senado votó a favor de censurar a McCarthy por 67 votos a favor y 22 en contra. El término “macartismo” quedó asociado a las peores prácticas de la política estadounidense, a las acusaciones demagógicas, imprudentes y sin fundamento.
El «mejor amigo» de Trump
No obstante, la carrera profesional de Cohn continuó. Renunció al personal de McCarthy para evitar ser despedido y regresó a Nueva York donde ejerció exitosamente como abogado de forma privada durante los siguientes treinta años. Entre sus clientes se encontraban George Steinbrenner, propietario de los Yankees de Nueva York, el armador griego Aristóteles Onassis, conocidos mafiosos como Tony Salerno y John Gotti, e incluso la Arquidiócesis de la ciudad. Durante esos años se le acusó tres veces de mala conducta profesional, perjurio, manipulación de testigos, e irregularidades financieras relacionadas con contratos municipales, pero siempre absuelto.
También cultivó sus contactos políticos. Aunque registrado como demócrata, se mantuvo cerca de los presidentes republicanos Richard Nixon y Ronald Reagan, mientras sostenía una estrecha alianza con el alcalde demócrata de Nueva York, Ed Koch.
En 1986, la División de Apelaciones de la Corte Suprema del Estado de Nueva York lo inhabilitó por conducta poco ética y poco profesional, incluyendo malversación de fondos de clientes, mentir en una solicitud de admisión a la abogacía y falsificar una modificación de un testamento. Pero para entonces estaba a punto de morir víctima de complicaciones derivadas del SIDA que le habían diagnosticado dos años antes. Falleció a los 59 años. Tras su muerte, el Servicio de Impuestos Internos le confiscó su casa, autos, cuentas bancarias y otros bienes y activos personales.
Cohn afirmaba que Trump era su mejor amigo y al parecer fue la última persona que habló con él por teléfono antes de su muerte.
Búsqueda de fama y poder
Como no podía ser de otra manera, su vida ha sido llevada al cine, al teatro y objeto de investigaciones periodistas, directamente por él o como referencia, dada la influencia que se cree tuvo sobre los métodos y carácter de Trump.
En una famosa crónica que Ken Auletta tituló No te metas con Roy Cohn, lo retrata así: “Los clientes potenciales que quieren matar a su marido, torturar a un socio, romperle las piernas al gobierno, contratan a Roy Cohn. Es un verdugo legal: el más duro, el más cruel, el más leal, el más vil y uno de los abogados más brillantes de Estados Unidos”.
Y en el documental de 2019 ¿Dónde está mi Roy Cohn? se lo describe como alguien que “comprendía el valor político de envolverse en la bandera”, que “sabía cómo manipular a la prensa y dictar historias a los tabloides neoyorquinos (…) Era como un animal enjaulado que te atacaba en cuanto se abría la puerta de la jaula”.
Un judío que persiguió judíos, un homosexual que persiguió otros homosexuales, un demócrata que sirvió a políticos republicanos. Un individuo sin otra ideología o principios que no fuera la búsqueda de la fama y el poder.
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